¿Debo permanecer casado con una persona por la cual ya no siento nada simplemente por haber pronunciado en el altar las palabras “¿Sí, prometo”? ¿Significa esto que tengo que aguantar y resignarme a una vida de infelicidad, aunque ya no la ame?

Si usted va a argumentar que desea dejar a su cónyuge porque ya no lo ama, tengo que decirle que usted ha entendido mal lo que es el amor. Amar es un verbo que produce sentimientos. Cuando decidimos servir, perdonar, escuchar, compartir con el cónyuge el sentimiento siempre será el resultado. La mayoría de nosotros no tenemos problemas matrimoniales, sino, más bien, tenemos un problema de corazón. Es lo que hay en tu corazón lo que está descomponiendo tu matrimonio.

Amar se trata de guiar al corazón. El amor no se basa en sentimientos sino en el compromiso asumido con la persona amada. No podemos producir la “química” inicial, pero somos responsables de mantener viva la chispa del amor en el matrimonio. Sin embargo, nos volvemos perezosos. ¿Podemos volvernos perezosos con el cuerpo y seguir en forma saludable o en el negocio y prosperar? ¡Imposible!

Divorciarse porque ya no se aman es como vender el auto porque se le acabó el combustible.

Jacob trabajó por su esposa Raquel 7 años aun después de tenerla como mujer. ¿Qué pasaría si siguiéramos trabajando en nuestros matrimonios con la misma pasión con que lo hicimos antes de la conquista?

Debemos entender que no somos producto de nuestros sentimientos. Si esto fuera así, deberíamos cambiar la frase “hasta que la muerte los separe” y decir: “hasta que los sentimientos los abandonen”. Si permitimos que nuestros sentimientos nos gobiernen es porque hemos renunciado a nuestra responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.

Amar es algo que se hace y no que se siente. Es la entrega de uno mismo. Fue de esta manera que Dios nos demostró su amor al dar a su hijo aun cuando no lo merecíamos.

Permítanme ofrecerles una solución a este problema que es el causante de miles de divorcios. Si ya no sienten nada el uno por el otro deberán practicar el amor proactivo. La proactividad significa que como seres humanos tenemos la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan. Las personas proactivas hablan del amor como verbo; las reactivas como sentimiento.

Dicho de otra manera, el matrimonio es “responsabilidad”. Los cónyuges “reactivos”, eligen otorgar a las circunstancias el poder de controlarlos. Estas personas se ven a menudo afectadas por su ambiente físico. Si el tiempo es bueno, se sienten bien; si las cosas no van tan bien, inmediatamente su estado anímico es afectado otorgándole a lo que está afuera el poder de controlarlas y dicen: “lo que está afuera tiene que cambiar antes de que yo cambie”.

Las personas proactivas llevan consigo su propio clima. El hecho de que llueva o brille el sol, no supone ninguna diferencia para ellas. Su fuerza impulsiva reside en el compromiso y no en los sentimientos.

Si realmente desea un cambio en su matrimonio, empiece a provocar el cambio en lugar de responsabilizar al otro por la situación de su matrimonio. Hoy mismo al volver a casa sea quien inicie algo nuevo para provocar el cambio y salir del estancamiento emocional a donde los ha llevado la rutina.