Septiembre es considerado el mes de muchos acontecimientos importantes: del maestro -por lo menos en Argentina-, de la secretaria, del estudiante, del profesor y de la primavera -en el hemisferio Sur-. Y, desde hace un tiempo, también es considerado el mes de la Biblia. 

Por eso, durante este mes, vamos a tratar temas que tienen que ver con la Biblia. De más está decir, a modo de anticipo, que es un libro sumamente importante: es el libro más traducido de la historia, el que tiene récord de ventas, uno de los más difundidos, pero también, uno de los más prohibidos y perseguidos. A pesar de varios intentos por desaparecerlo de la faz de la Tierra, como la quema de libros por los nazis, la Biblia ha persistido a tiempos, gobiernos, ideologías políticas, aunque no exento de conflictos.

En este primer fin de semana de septiembre, aprendamos más acerca de los rollos del mar Muerto o de la cueva de Qumrán. 

Las cuevas de un sitio “desolado”

Qumrán es el nombre de un sitio arqueológico, ubicado en las cercanías del mar Muerto. Como el nombre lo indica, allí casi todo está muerto, es decir, que tiene poca vegetación, pocos animales y, por ende, pocas poblaciones cercanas. Solo algunos pastores de cabras u ovejas merodeaban aquella zona.

En 1947 se produjo un hallazgo sorprendente, justamente por pastores que andaban por aquella zona. En una de las muchas cuevas se encontraron una gran cantidad de rollos manuscritos, los cuales estaban casi intactos. En los años siguientes, se procedió a realizar una excavación arqueológica, que determinó la autenticidad de los rollos encontrados, llamados a partir de ese momento rollos del mar Muerto. 

Estos consistían en una biblioteca, con una gran cantidad de documentos que hacían referencia a libros bíblicos y extrabíblicos. Es decir, que no conforman el canon actual de libros bíblicos tal cual los conocemos hoy (Diccionario Ilustrado de la Biblia, 1979, Ed. Caribe). 

Cuevas de Qumrán, vista desde afuera. Fuente: lugaresbiblicos.com

Los judíos esenios

Se determinó luego que en esa cueva vivía una comunidad judía en los tiempos ubicados entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Por lo tanto, el hallazgo es un eslabón importante para entender lo que sucedía entre ambos períodos.

Las conclusiones a las que llegaron es que estos rollos pertenecían a una secta -palabra que no es de buen gusto, a mi modo de ver- llamada los esenios. Estos fueron una comunidad de características monásticas. Es decir, que eran hombres y mujeres que vivían apartados de la sociedad y de las ciudades, como Jerusalén. 

Los esenios tenían una observancia estricta de la Torá, el libro sagrado judío, por lo tanto, tenían duras restricciones con respecto a la comida, y duras cargas en cuanto a oración, pobreza y ayuno. Estos estaban dirigidos por un maestro de la justicia, alguien especializado en la lectura de los libros sagrados y que dirigía la disciplina de la comunidad (información extraída del sitio www.monestirs.cat/monst/cessenis.htm).

Por lo tanto, estos escritos encontrados correspondían a la biblioteca de esa comunidad que habitaba esa cueva. Debido a que eran grandes estudiosos de los libros, copiaron y conservaron la mayoría de los libros bíblicos. 

Restos del Rollo del Mar Muerto tal cual se conservan en la actualidad. Fuente: BBC.com

La importancia del material hallado

Antes de este hallazgo, algunos libros proféticos, como el de Isaías, tenían primeras copias recién del siglo X. Por lo que su autenticidad era dudosa o daba para algunos debates, debido a la gran cantidad de años entre los hechos descriptos por Isaías y la primera copia. En este caso, más de 2.000 años. Sin embargo, debido a la perfecta conservación y la cercanía entre los hechos, la copia escrita en los rollos del mar Muerto quitó las dudas acerca de su autenticidad, y le otorgó un argumento más a la veracidad de los libros sagrados de la Biblia.

En el caso del libro de Isaías, es un cuero que tiene más de 2.000 años, tiene pocas roturas y pocos agujeros. Su conservación es casi intacta, al igual que los otros libros (Biblia Arqueológica NVI, pág. 1146).

Comparando con otros libros famosos también escritos antes de Cristo, como la Ilíada, la Odisea, libros de otros griegos, como Aristóteles, tienen entre 3.000, 4.000 o más años de diferencia entre su primera escritura y la primera copia encontrada. Lo que fundamentaría el hecho de que, si los libros encontrados en las cuevas no son fiables, tampoco lo serían otros libros famosos, como los de estos griegos. 

Concluyendo, volvemos al principio. La Biblia es un libro que requiere de fe para leerlo, creerlo y vivirlo. Sin embargo, hallazgos arqueológicos como éste reafirman su veracidad y su fidelidad, lo que nos aporta una razón más para creer en él.