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Los niños, un regalo divino en nuestras vidas

El ser humano ha sido diseñado para ser la expresión del Padre aquí en la Tierra.  Lo maravilloso es que todo empieza en el tamaño de un niño.

En Dios mismo vemos cómo se hizo carne, en Isaías 9:6 leemos “porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo“. Hemos aprendido que los hijos son la muestra de que nada termina con nosotros, sino que a través de ellos Él seguirá perfeccionando su plan. Tener un niño en medio de nosotros es saber que se nos entrega un privilegio con alta responsabilidad.

Si tenés hijos, o si no los tenés, pero hay en tu entorno niños que te rodean como una asignación divina, entonces aférrate a la dependencia de la sabiduría de quien da la existencia a estos pequeños para que sus vidas sean formadas y no deformadas por todos los mensajes contradictorios lo que les rodean en este mundo.

En medio de la crianza, viví con la meta de ser absolutamente intencional en dejar huellas de amor en su niñez. Recordá que esta etapa pasa rápido y es breve pero las marcas que podemos dejar tienen el poder de ser recordadas por toda la vida. Por eso, entrégales el regalo más valioso de la manera en que tus niños, tus hijos, lo entienden, lo necesitan y lo piden: TIEMPO.

¿Qué puedo regalarle a un niño?

  • Regalale la mirada directa a sus ojos y sin prisa. La mirada que le haga saber cuán amado es, que le demuestre que lo escuchás, lo comprendés y te interesa lo que a él le importa.
  • Regalale tiempo para compartir sus juegos, sus experiencias, sus historias. 
  • Regalale el ejemplo de una vida de fe genuina y constante.
  • Regalale la instrucción responsable del conocimiento de la vida de Cristo. Esto viene envuelto en un paquete donde brilla la humildad por ser nosotros primero quienes dejamos viejas maneras de entender.
  • Regalale el perdón por los errores y pide perdón cuando el Espíritu te llame la atención.

Regalate a vos mismo y entregales a ellos la claridad de saber que sus vidas son el tesoro más valioso en este mundo porque desde la eternidad se les ha dado un nombre, que tiene el propósito de que Dios mismo sea conocido a través del diseño que tienen. Cada día debemos recordar que los niños que Dios mismo ha entregado son SUS niños que debemos cuidar para que sea una realidad que crecen en estatura y en sabiduría.

Oramos para que todo el bien hecho en nuestras casas alcance a los niños que necesitan experimentar la realidad del amor de Dios.

¡Podemos hacerlo por la vida que nos ha sido dada!

Cristian y Noemí Antoniazzi
Nacidos en la ciudad de Córdoba, Argentina. Padres de Josías y Joshua. Desde hace varios años formamos parte del equipo de trabajo de la fundación Manantial de Vida. Dedicados a la enseñanza y pastoreo, creyendo firmemente que cada niño tiene una corona de gobierno para manifestar el Reino de Dios. Autores del libro Pequeños Gigantes.

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