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La iglesia y la Sexualidad

Es casi imposible decir sexualidad sin sonrojarse y menos aún decir sexo. Estas dos palabras generan incomodidad, tensión, quizá queramos escapar del lugar donde se las ha nombrado, pero también originan curiosidad.

La curiosidad es el motor de inicio de una búsqueda de información que pretende dar conocimientos, aunque muchas veces el resultado de la búsqueda es descontextualizada, basada solamente en la experiencia del comunicador o peor aún, incorrecta.

“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.» Génesis 1:31 (LBLA) en este texto se afirma que todo lo creado fue bueno, no se excluye a la sexualidad. 

La inquietud y la curiosidad están presentes, tanto en niños, jóvenes, adultos y adultos mayores y cada una de estas personas se abrirá camino al conocimiento de una forma u otra no quedándose conforme con el silencio de la desinformación. 

La pregunta que viene a continuación es: ¿A dónde irán a buscar esa información? Como dicen los  pastores Jose Luis y Silvia Cinalli en su libro, La Iglesia al Desnudo: “…Mal que nos pese, hemos transferido la responsabilidad de la educación sexual a la TV, internet y otros medios masivos de comunicación. Los sociólogos sostienen que una adolescente de 14 años de edad ha recibido mayor información acerca de sexo de lo que seguramente aprendió su abuela en toda su vida. Los jóvenes saben mucho más de lo que usted imagina; pero lo saben mal y a menos que los padres y la iglesia asuman el rol protagónico en este aspecto, aquellos conceptos serán perjudiciales para su conducta y letales para sus relaciones interpersonales”

Si bien, estas palabras están referidas a las familias y sus hijos, es una realidad que se aplica a cualquier rango etario o situación afectiva. Durante estos últimos años, no podemos negar que la Iglesia se ocupó de abordar el discipulado y el acompañamiento en muchas áreas y de formas tan impactantes que años atrás eran impensadas;  pero intencionalmente o no la Sexualidad sigue siendo aún un tema tabú, prohibido y lleno de mitos.  

En este tiempo me di cuenta que de sexualidad no se habla o se lo hace sin libertad y sin fluidez. Si bien podría escribir mucho más acerca de la educación sexual en nuestras iglesias, quisiera ahora detenerme en estos dos ítems: la fluidez y la libertad. 

Por un lado, la educación sexual está  vinculada casi exclusivamente a la edad joven, porque es el “despertar hormonal”, entonces, de alguna manera los equipos de liderazgo tienen que contener esa energía sexual y la propuesta es: taller de sexualidad para adolescentes y alguna charla para parejas que están a punto de contraer matrimonio. Con esta estrategia acotada, la sexualidad no fluye de manera natural e integral acompañando las diferentes etapas de la vida y es ahí donde la sexualidad de  las infancias, los jóvenes adultos, las mujeres puérperas, las parejas que esperan un bebe,  los adultos mayores, los solteros y de tantos otros quedan interrumpidas o peor aún: olvidadas.

Por otra parte, podemos ver que, cuando se abordan temáticas sobre sexualidad, en realidad se trabaja casi exclusivamente con el concepto de genitalidad más que de sexualidad. Cuesta muchísimo ver a la sexualidad como algo que nos acompaña desde que nos formamos hasta que partimos de este mundo, pasando por un sinfín de etapas, situaciones y matices que la hacen única y particular. Hablar solamente de sexualidad genital, es no hablar con libertad, es esclavizarla a un solo aspecto quitándole la posibilidad de explayarse integralmente. 

La sexualidad nos acompaña, la sexualidad nos atraviesa e interpela a lo largo de nuestra vida con nuestros valores, vivencias, nuestra historia, es un aspecto biopsicosocial y espiritual  y el  desafío está en comenzar a comprenderla de esta forma y trabajarla de manera libre y fluida. 

Aprovechar esta oportunidad es la gran tarea que tiene en este presente la Iglesia. La posibilidad no solo de satisfacer la curiosidad  de las personas sino de ir más allá: poder  tener la iniciativa de comenzar una educación sexual verdadera que fluya a lo largo de las diferentes etapas y la integre con libertad a todas las áreas de la vida. 

Es mi deseo que cada comunidad de fe pueda aceptar este desafío, pedir ayuda si no sabe cómo hacerlo y confiar que el Dios que nos dio la vida y la sexualidad nos ayudará a poder compartir este conocimiento de manera verdadera,  fluida, libre y llena de amor.

Natalia Zukowski
Natalia Zukowski
Esposa de Santy, mamá de Bruno y Ciro. Profesora, orientadora familiar con posgrado en Educación Sexual UBA y coordinadora del Área de Formación en “Juntas en el Camino”. Participó en el Equipo Psicosocial de la Casa Nacional del Futuro, Ministerio de Desarrollo de la Nación. Autora del libro y curso Proyectando mi Vida, de RUE/FIET.

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