Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto, se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto, Génesis 22:13-14.

El agotamiento psíquico que se genera en situaciones de ansiedad viene como consecuencia del exhaustivo enfoque que desarrollamos sobre ciertos temas. La atención se vuelve obsesiva sobre ciertas situaciones y comenzamos a medir continuamente cómo evolucionan. Este intento inconsciente de lograr que las cosas pasen, revisándolas todo el tiempo o evaluando posibles resultados, es la consecuencia de pretender controlar y es esta idea de control la que nos desvía del Evangelio del Reino de Dios.

“Cuando entramos en el control de las situaciones abandonamos el camino de la confianza en la justicia y palabra de Dios”. 

Para hablar de este tema lo primero que tenemos que desnudar es la teología del control donde básicamente presenta un Dios que está chequeando que su palabra se cumpla y castigando o enviando al infierno a los que impiden que eso pase. Esta teología ha presentado una desviación de la imagen de Dios Padre, el que Cristo vino a presentar. 

Si bien el infierno quiso sacar provecho del mensaje conciliador de Jesús, empujando a muchos a un libertinaje, también es cierto que vivir bajo el manto de un Dios que está mirando y vigilando nuestros errores puede volverse enloquecedor y aterrador. Esta es la razón por la cual muchos hijos de pastores abandonaron el ministerio; se les presentó un Dios tirano que controla si las cosas se hacen o no se hacen como él dijo. 

Hay cosas que tenemos que comprender de la soberanía de Dios, una de ellas es que Él gobierna por el solo hecho de que Él es gobierno. No necesita hacer algo para gobernar, Él es el gobierno. La palabra gobierno se gesta en Él. 

¿Qué significa eso? Dios no es un gobernante, Dios es gobierno. Lo que Él dice es. Eso es gobierno, no se trata de un cargo, se trata de algo inherente a Él. Es decir, Dios no necesita controlar que lo que Él dice ocurra, simplemente ocurre porque Él lo dijo. Si Él dijo que su palabra no volverá a Él vacía, es porque así será (Isaías 55:11).  Jesús dijo que el cielo y la tierra pasarían, pero su Palabra no (Mateo 24:35).

Dios en control

Una de las ideas más distorsionadas es que Dios está controlando las cosas. ¿Qué nos hace pensar que Dios está controlando que lo que Él dice se cumpla? Controlar es una necesidad humana porque en las labores humanas hay errores, pero no es inherente a Dios.  Entiendo el concepto cuando se dice que Dios está en el control, haciendo como la idea de alguien que va manejando un barco, pero debemos entender que Él no está manejando el barco, Él ha llamado al barco para que vaya donde Él está. 

Lo que Dios ha dicho de ti ocurrirá. Sí o sí ocurrirá. Sé que hay muchas teologías sobre esto y se presentan ideas acerca de que Lucero puede estorbar la obra de Dios, este misterio es algo que solo Dios puede desenterrar, pero a nosotros se nos dio por detallado una palabra, el diablo pierde y Dios gana. Punto. La pregunta es cuándo.

Entonces, volviendo sobre el asunto de la ansiedad por la provisión y los conflictos cotidianos, debemos saber que el ministerio del Hijo de Dios es administrar los bienes del padre, es operar en la palabra del Padre. Cuando intentamos controlar el ministerio es cuando empujamos una montaña sin autorización. Allí comenzamos a perder energía y fe. Cuando pretendemos hacer lo que no se nos dijo que hiciéramos.

La necesidad humana de control

  1. Queremos hacer crecer la iglesia. Cosa que solo Dios puede hacer. Eso lo vemos en el libro de los Hechos cuando dice que el Espíritu añadía cada día a los que habían de ser salvados. No se trataba del esfuerzo o de la sabiduría con la que pretendieran convencer a los demás, si Dios no estaba en el asunto la iglesia no crecía. Hace mucho tiempo, en una discusión con amigos de la facultad, me dispuse a aplastar sus teorías ateas, me dispuse a dedicarles tiempo y responder todas sus preguntas desde postulados científicos y racionales. Cuando terminé me di cuenta de que no podían rebatirlo, pero lo mismo seguían sin creer. Por otro lado, pensé que los milagros convencerían a las personas del poder de Dios, y me di cuenta que por más que una nube viniera en el desierto o una columna de fuego los acompañara de noche lo mismo ellos no creerían 
  1. Queremos proveer a nuestra casa. La provisión es uno de los temas que más ansiedad producen. Eso es porque de alguna manera asumimos que debemos proveer. Proveer soluciones a problemas y proveer recursos a las necesidades. Sin embargo, las Escrituras presentan a Dios como proveedor. Nos volvemos controladores de lo que Dios da y lo que no da. Nos volvemos ayudantes oficiales de Dios y terminamos pretendiendo acelerar tiempos. Este es uno de los temas que más angustia a las personas.
  1. Controlamos las respuestas de Dios luego de estar orando: una vez presentadas las causas delante de Dios seguimos insistiendo en oraciones con angustia y dolor, pensando que a Dios le agrada nuestro desgaste. Tomamos el pasaje de la viuda que visita al juez como algo que debemos hacer con Dios. Jesús presentó un juego injusto. No estaba diciendo que Dios es un juez al que debemos insistir. Cuando confiamos en Dios, presentamos nuestras causas delante de Él y confiamos en que Él haga. La mayoría pide algo y comienza a medir el tiempo en el que Dios responde. ¿Ya nos sanó?, ¿ya nos proveyó? ¿Ya nos ayudó? Controlar a Dios es uno de los errores más angustiantes en los que nos metemos por no conocerlo y en el fondo desconfiar de Él. 
  1. Queremos tener un plan de trabajo: una de las cosas más angustiantes es pretender conocer el camino que sigue. Cuando queremos controlar, nos volvemos personas que no quieren seguir al Espíritu Santo, queremos tener preparado todo antes de que pase para no improvisar, pero no nos damos cuenta de que a veces el Señor quiere que improvisemos para que aprendamos a depender de Él. No es por la preparación de las cosas que Dios nos bendecirá, es por estar alineados a su palabra. Uno de los problemas más grandes de la estructura religiosa es que al pretender controlar las acciones litúrgicas le quitamos la capacidad a las personas de oír lo que Dios está hablando en el momento. Dijo Jesús, que los hijos de Dios son como el viento, que no saben ni de dónde vienen ni a dónde van (claro que esto no justifica la vagancia y la mediocridad de la improvisación por no querer esforzarnos). 
  1. Queremos controlar el crecimiento espiritual de la gente: muchas veces nos agotamos midiendo los frutos de las personas para evaluar si estaban o no estaban a la altura de ciertas circunstancias. Jesús sabía que Pedro lo iba a traicionar y aun así decidió volver a preguntarle si lo amaba. No podemos controlar la influencia del Espíritu Santo sobre la vida de la gente. Muchas veces queremos hacer esto por medio de reglas y leyes que tomamos de la Biblia y medimos según estas leyes, pero estas leyes nunca expresan lo que hay en el Espíritu. Solo los frutos del Espíritu pueden manifestar lo que hay en el Espíritu. Pero estos frutos no pueden expresarse si no es por la llenura del Espíritu, no por las obras de nuestro esfuerzo. 

Estos ejemplos solo pretenden dejar en evidencia que el gran agotamiento psíquico viene como consecuencia de intentar controlar la provisión de todas las cosas. Chequear que Dios no se olvide de lo que nos dijo y estar midiendo todo el tiempo sus movimientos para evaluar si está haciendo o no lo que nos dijo. Esto no es otra cosa que una manera de desconfiar de Dios como proveedor, aunque no queramos hacerlo. 

Él sigue siendo gobierno y provisión eterna a nuestras necesidades. Usemos la ansiedad para aumentar nuestra energía psíquica en resolución de conflictos, pero no en controlar si Dios cumplirá o no su palabra sobre nuestras vidas. Su Palabra no vuelve a Él vacía.