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El Culto: Documental en primera persona sobre las iglesias evangélicas

Almendra Fantilli es una directora y fotógrafa, oriunda de la provincia de Córdoba, Argentina, licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Ha realizado talleres de fotografía para niños y adolescentes en barrios populares. Es intérprete de Lengua de Señas, realizó una investigación sobre la lucha de la comunidad sorda por el reconocimiento de la LSA.

Actualmente se encuentra debutando como directora con un documental denominado “El culto”, una propuesta que observa lo que sucede dentro de las iglesias evangélicas desde distintas miradas. La película se reprodujo en salas comerciales como el cine Hoyts y el cine Gran Rex, en Córdoba, donde se proyectó el avant premiere, y se prepara para ser reproducida este 15 de septiembre en el Tipográfico, acompañada de un conversatorio con Guillermo Prein y Pablo Semán. Con La Corriente estuvimos conversando con Almendra Fantilli sobre la película, sobre este nuevo proyecto que está dando de qué hablar a los espectadores y profesionales.

LC: Primeramente felicitaciones por el estreno. Lo primero que quiero preguntarte es ¿qué motivó la idea de este proyecto, cuál fue el disparador para esta película?

AF: Son distintos núcleos que motivaron a la realización del documental. El primero fue haber formado parte de la iglesia evangélica durante toda mi vida y ese es un gran disparador en el sentido en que siempre me crie con la propia identidad religiosa o propias elecciones de vida y también esto en algún punto me motivó siempre a la pregunta, a la reflexión, o a la búsqueda en este sentido. En el 2017 fue cuando empezamos a pensar un proyecto cinematográfico orientado al cine documental comunitario.

Yo tenía varias ideas pero decidí quedarme con ésta, en relación a la tradición evangélica, al cristianismo evangélico, porque me parecía que siempre el discurso hegemónico en torno al evangélico tiende a ser muy homogeneizante, y yo como observadora externa, sin ninguna reflexión académica, sino intuitiva, me parecía que había una heterogeneidad que nunca había sido fielmente representada.

Entonces creo que por un lado fue mi propia tradición y la fe. Y por otro lado, soy comunicadora social y al observar que en el debate público predomina el discurso homogeneizante en torno a lo evangélico creo que se disparó como un click. Y después también procesos personales, como tratar de comprender de qué se trata el culto, la celebración la reunión, ¿cómo es que Dios les habla a las personas cuando habla? y también no solamente en clave individual sino colectiva, porque no solamente estamos hoy Dios y yo, sino que estamos en comunidad y tenemos todas esas preguntas que me motivaron a mirar qué estaba pasando a mi alrededor.

LC: Y éste es un documental que registra la liturgia dentro de las iglesias evangélicas, pero veo que la comparación se hace entre cuatro denominaciones, con cuatro iglesias distintas, ¿por qué esa selección? ¿por qué cuatro iglesias y no cinco o seis iglesias?, ¿y por qué esas denominaciones?

AF: Como bien decís, son cuatro, pero podrían haber sido seis, podrían haber sido 25. De hecho, cuando empezamos a pensar qué comunidades íbamos a registrar teníamos una lista tentativa de 12 iglesias. Por una cuestión de economía de representación y de economía en la producción decidimos quedarnos con estas cuatro comunidades que nos parecía que eran muy contrastantes unas de otras y con cierta continuidad teológica, formal y de contenido; continuidades y también rupturas de continuidades.

Nos parecía que estas cuatro podían ser arquetípicas. Somos muy conscientes de que dejamos afuera un montón de otras denominaciones. Por ejemplo, el otro día una investigadora del CONICET en el tema evangélico me preguntaba por qué no había registrado, por ejemplo, Asambleas de Dios, que son las pentecostales históricas, y después otra chica me preguntaba por qué no elegí una iglesia bautista.

Para mí también dentro de la diversidad pudimos encontrar algunas particularidades como la iglesia de hermanos libres que está registrada en el documental, que no es 100% hermanos libres, no es una iglesia tradicional de esta denominación, pero es una propuesta distinta. Y me parecía que le aportaba una riqueza aún mayor, pero podrían haber sido muchas más y por una cuestión económica de representación, y de producción decidimos optar por cuatro.

De hecho, los profesores que me acompañaron en el proceso me decían que ya seis iglesias para alguien que no entiende, o no conoce, iba a ver todo igual y no iba a lograr comprender, entonces a mí me resultaba interesante no ser pedagógica, porque no hay alguien narrando o contando una historia o describiendo, porque si bien el documental es más observacional, me pareció interesante usar ese recurso poético para que sea entendible pero no pedagógico, no educativo. Más bien poético y artístico.

LC: Claro, justamente te iba preguntar eso porque si bien en el tráiler se pueden ver comentarios de los distintos pastores de la iglesia, pero cuando vemos la película no vemos esas entrevistas, ni comentarios, ¿por qué preferir contarlo sin narrador, sin entrevista y sin una voz en off? ¿por qué preferir narrar solamente con la documentación o el registro?

AF: Fue algo muy consciente en la puesta en escena que elegimos. Decidimos que sea observacional porque si bien no hay un relato ni entrevistas, nos pareció interesante dejar la conclusión abierta al observador. Pero sí hay un trabajo fino de montaje, hay una selección, hay un recorte de todo lo que registramos, hay diálogo implícito, hay recortes específicos.

Nos inspiró bastante una película que se llama Baraka, de 1992, que muestra en uno de los fragmentos distintos ritos religiosos, después hay otra que se llama Unidad 25 que registra la cárcel de Olmos en el pabellón 25 y el pabellón evangélico y también es una película que tiene una puesta donde hay observaciones, no un relato que vaya contando. Hay un punto de vista y eso está más trabajado en el montaje y nos pareció interesante jugar con eso porque los evangélicos somos muy de la palabra hablada, y quizá lo visual, que apele a otro sentido, nos parecía interesante jugar con eso.

LC: En la película se puede ver que el método de filmación es con cámara en mano, ¿por qué no un plano fijo, o un plano distinto con más estabilización en la imagen?

AF: La cámara en mano nos da la sensación de que el espectador está presente, y también le da buena presencia humana a la imagen; este documental busca humanizar la experiencia espiritual y hacerla ser humano, entonces lo que buscamos es eso, registrar los rostros, los retratos. La cámara en mano les da esa vitalidad que por ahí mediada por algo más estabilizado iba a generar distancia. Por eso es interesante verla en el cine, la pantalla grande da una sensación envolvente y una sensación de estar ahí en el lugar, invita a una observación experiencial, como vivir el culto. La peli está pensada así.

LC: ¿Qué representó para vos la dirección de esta película? ¿Qué cambio género en vos? 

AF: Como bien decías, un equipo grande de personas que estuvieron aportando para que esto sea posible, para que fuera interesante el proceso, porque son grandes fotógrafos, y también está bueno ver lo que hacen Gonzalo Valenzuela, Oscar Sapere y Marcelo Paiva.

Y respondiendo tu pregunta, pasó de todo desde el 2017, con temas personales, espirituales también, hasta la concreción de la peli. La película fue pasando por distintas instancias. Un amigo me mandó un libro hace poco que tiene como título “No entiendo la liturgia”, y es un poco mi experiencia de fe, creo que nunca nos han explicado por qué son las cosas así y somos una generación millennial curiosa, una generación que tiene a disposición Internet, que tiene un montón de recursos.

Yo llegué al evangelio por mi familia y por decisión propia, pero dentro de ese transcurso de los años traté de entender de qué se trata el culto; no hay que vivirlo como algo que hay que hacer, sino también entender por qué y creo que fue un gran motivador, una gran búsqueda de todo este proceso que lo hace espiritual y más personal. Ha habido muchas transformaciones, entre esas, encontrarle valor al encuentro dominical, algo que quizás desde mi adolescencia o en otras instancias de mi vida no valoraba o no consideraba importante.

La pandemia también trajo crisis y ciertos modelos de reunión, junto a la mediatización por la virtualidad, lo que habilitó un montón de cosas pero también nos despojó de otras en el sentido teológico, del encuentro, del animarse los unos a los otros y no ver la asistencia al culto como una obligación. 

En estos años a través de la película se transformó mucho mi mirada acerca de mi propia tradición espiritual, de mi relación con mis hermanos, con el culto cristiano, con el Señor mismo, con la sociedad ¿Para qué está el culto? ¿Por qué está el culto? ¿Qué significa el culto? ¿Cómo es su realidad teológica? ¿Qué implica a nivel sociológico? ¿Qué implica a nivel psicológico para las personas?

El culto es el espacio y también propicia la introspección, propicia un momento de perdón y un montón de cosas muy valiosas y que quizás no las valoraba en su momento porque eran preguntas inconclusas. El documental me abrió un universo personal y me abrió una mirada sobre Dios, sobre la iglesia, sobre Jesús, sobre el mismo Cuerpo de Cristo, sobre la necesidad de que el cuerpo sea cuerpo y no que seamos todos oídos, ojos y manos sino que el cuerpo sea las manos, oídos y los ojos, todo junto, y que todos caminen en esa multiplicidad por esa diversidad y esa heterogeneidad hacia un mismo lugar apunte a Jesús.

LC: ¿Para quién está dirigido este documental?

AF: Como con cualquier producto cultural, hay personas que pueden estar más interesadas que otras; no quería que sea un condicionamiento el pensar si era para evangélicos o si era para otros, y a mí me generaba mucha presión y mi profe me impulsaba a que no estuviera con eso en la cabeza, sino que más bien creara una producción auténtica y con el corazón. En ese sentido la peli trae un debate interesante hacia dentro de la fe, de la propia fe.

Hay maneras distintas de entender algunos conceptos desde lugares diferentes y también la película puede interesar o ser una invitación a los curiosos del fenómeno evangélico, pero también puede haber un campo de interés que no se queda solamente en el diálogo con personas de la iglesia sino que puede ser un puente para ambos públicos interesados en la temática.

LC: Hay profesionales del ámbito secular que hablaron de la película. Pablo Semán, que es uno de los estudiosos del tema del evangelio desde hace tiempo y es una persona no creyente, escribió sobre el documental, entonces evidentemente también hay un impacto en el ambiente secular profesional.

AF: Sí, de hecho muchos de los profesionales e investigadores en el tema han hablado del documental, muchos investigadores recomendaron el documental porque planteó una mirada desde adentro. Marcos Carbonelli, otro investigadora que recomendó la peli, Meli Sánchez, y varias personas que investigan el tema para tener una perspectiva distinta a la propuesta hegemónica y creo que sí, ha sido muy fuerte para mí y muy gratificante.

LC: ¿Que diferencias notaste entre los comentarios del público evangélico y el público secular? 

AF: Es muy interesante porque la película al no estar 100% direccionada con entrevistas o con el relato, crea distintas recepciones y eso es lo lindo del cine. Quienes completan la obra son los espectadores. También cabe decir que plantea un punto de vista etnográfico, un punto de vista asociado a la antropología y eso creo que los investigadores en torno a la temática lo han valorado.

Gente cristiana incluso que me ha dicho que estuvo a punto de irse del cine porque alguna cosa que vio le hizo mal, o porque no podían tolerarlo, o porque le generaba mucho rechazo; o gente que tenía una mirada muy negativa sobre algunas cosas pero al ver el documental lo pudo comprender de otra manera y yo creo que hay miradas distintas incluso hacia dentro de los propios creyentes. Hay gente que valora algunos aspectos de la tradición y quizá no es la suya pero puede valorar algo distinto. Y hay otros que les genera rechazo, hay otros que se preguntan qué es lo verdadero y qué debería ser. 

He tenido esas respuestas. Me decían que les gustaría elegir algunos puntos chiquitos de cada iglesia y armarse su propia comunidad. Y de la gente no creyente encuentro muchas sorpresas, se topan con el preconcepto de que la organización evangélica funciona como la iglesia católica (aunque tampoco es tan homogénea, porque hay diversidad dentro), entonces la gente se sorprende porque espera una cosa y sale otra cosa totalmente diferente, entonces es una especie de “elige tu propia aventura” a la hora de ver la película. 

LC: Ahora que ya está el producto terminado, ¿estás contenta con el resultado? ¿o le faltó algo más al documental para vos? ¿Quedaste satisfecha con lo que terminó siendo la película?

AF: Yo estoy muy contenta y muy satisfecha también porque yo no vengo del mundo del cine, vengo del mundo de la comunicación en general y para mí cada instancia de realización de esta película ha sido un aprendizaje. Por ejemplo, yo inicialmente soy fotógrafa, y el mundo del sonido, de la preproducción, producción y posproducción fue un descubrimiento en cada instancia del proceso. Yo tengo mi cuadernito de cosas que no debería hacer si el día de mañana hago otra película. Y obviamente desde un punto de vista perfeccionista podría haber mejorado muchas cosas pero creo que para las condiciones con las que trabajamos, yo estoy muy contenta con el producto final.

Donde pusimos mucha energía fue en el montaje, con Lucas Magnin (productor del documental, esposo de Almendra Fantilli) y con otro chico íbamos discutiendo y poniéndonos de acuerdo en qué cosas iban, dónde tenían que ir, y fue un proceso re lindo y muy arduo por momentos. Son esos proyectos tan grandes que te dan ganas como de abandonar pero estoy muy agradecida con Dios y el equipo de trabajo y con Lucas también, que insistió para que se concluya; estamos muy contentos todos.

Nunca nos imaginamos estar en la cartelera de un cine comercial ni que tuviera la repercusión que está teniendo, así que todo viene con mucho agradecimiento, y le agradecemos a Dios por todo lo que estamos viendo con la película y ojalá que sea el inicio para otras producciones con otros saberes, porque creo que uno va acumulando saberes y va aprendiendo en el camino muchas cosas.

Rodrigo Acosta
Músico, productor y compositor argentino. Forma parte de la banda Fila 9 desde el año 2016 como bajista y segunda voz. Llevando el mensaje de Cristo a través de la música a diversas iglesias, congresos, espacios musicales y campañas dentro y fuera del país. Actualmente se encuentra estudiando la carrera de licenciatura en música. Es egresado con el título de bachiller con capacitación en periodismo y medios de comunicación social, lo cual le ha influenciado en su carrera como músico, viendo a la música como un medio, un lenguaje, con el cual comunicar el evangelio.

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