Llegar al templo y no poder entrar. Transpirar, palpitaciones, pensamientos automáticos a toda velocidad, ganas de salir corriendo y mucho miedo.

Durante algún tiempo, cuando era joven, más joven que ahora (ja, ja) ese era el círculo en el que giraba mi vida cada vez que quería ir a la reunión de jóvenes o a grupos con gente de mi edad. 

Las veces que lograba entrar, cruzaba el pasillo enorme hasta llegar a donde se encontraban reunidos y yo sentía que los ojos de todos estaban sobre mí, juzgándome. Y aunque nadie me conocía y no eran ciertos esos pensamientos, yo los creía como verdaderos y actuaba en consecuencia. 

Por eso, me la pasaba tratando de evitar esos momentos, aislándome cada vez más, rechazando cualquier tipo de invitación pero, al mismo tiempo, estaba muy sola y lo que más deseaba era formar vínculos, tener amigos, quería pero no podía. Se acercaba el primer campamento de jóvenes al que estaba invitada y me agarró pánico, estaba segura de que no iba a resistir estar ahí. 

Iba en el tren volviendo a casa, era el último día de inscripción y yo no me había anotado por miedo y vergüenza. Mi mente no paraba de “rumiar”, pero Dios me interrumpió: “Si no te anotas no conocerás a nadie y todo seguirá igual. Para que algo cambie, tienes que cambiar tú.

“para vivir algo distinto, tienes que hacer algo distinto

Támara Bazán Sosa, pastora y diseñadora de indumentaria.

Y así, sin pensarlo mucho, llamé por teléfono y reservé de palabra mi lugar.  Hasta ese día me había estado escapando, a partir de ahí, ya no me escapé más. En el campamento la pasé fatal ya que no dejé mágicamente de sentir todo lo que sentía, pero estar ahí y no huir le permitió al Señor comenzar a pulirme y sanar las heridas que traía de relaciones que no habían funcionado y quebrar todas mis creencias negativas sobre la amistad. 

“Hacer algo distinto no significaba que ahora iba a sonreír y todo bien, hacer algo distinto fue entregarle mi manera de hacer las cosas a Dios”

Támara Bazán Sosa, pastora y diseñadora de indumentaria.

Para que Él pudiera hacerlo a su manera. Yo no era antisocial, sino que tenía miedo. No carecía de habilidades sociales, estaba lastimada. Yo no era poco carismática, estaba rota. 

Y como estaba rota había hecho muros alrededor de mí para protegerme, muros tan altos que nadie podía entrar ni yo tampoco salir. Pero Dios sabía cómo arreglarme, solo necesitaba que yo me presentara a la cita. Y en la cita, él me habló: “¿Por qué no derribamos los muros que levantaste creyendo que te protegías y construimos puentes que te unan a los demás?”. 

Los mismos ladrillos, pero usados con un propósito diferente 

Así fue como con la sabiduría divina aprendí a usar los mismos ladrillos que tenía ya no para aislarme sino para acercarme a otros. Tener amigos en el Cuerpo de Cristo es maravilloso porque en el Cuerpo está todo lo que necesitas. 

A veces creemos que, como fuimos lastimados en “la iglesia”, es mejor hacer amigos “afuera”. Pero quiero que sepas que somos todos humanos, y nuestra humanidad se puede expresar adentro o afuera de las cuatro paredes del templo.

“Personas que te fallen las vas a encontrar en todos lados, pero amistades para experimentar juntos a Cristo, solo las vas a encontrar en su Cuerpo”

Támara Bazán Sosa, pastora y diseñadora de indumentaria.

Anulando esos vínculos, te estás privando la oportunidad de vivir experiencias en su eternidad.  Dios me llevó de huir de los jóvenes a hablarles de Él, como a ti que estás leyendo esto. Y en todo ese proceso aprendí dos cosas que te quiero compartir si deseas crear nuevos vínculos:

1. Hacerlo igual, aunque me dé miedo. Si tú estás siempre sentado al final del auditorio y no tomas la iniciativa, quizás alguien se te acerque, pero si no sucede, entonces todo va a quedar ahí. Cuando nadie hace lo que tú querrías que hicieran es una señal de que te toca hacerlo a ti, aun con miedo, acércate, saluda, preséntate tú.

“Salir del lugar de recibir (pasivo) y tomar el lugar de dar (activo)”

Támara Bazán Sosa, pastora y diseñadora de indumentaria.

2. Saber que no se trata de mí. Cuando vivo yo, se trata de mí, pero si Cristo vive en mí, entonces se trata de Él. Cuando llegues a un nuevo grupo, o quizás en el grupo en el que estás en “modo fantasma”, piensa: ¿Qué de Cristo si se quiere expresar a través de mí en este grupo? ¿Qué características de Él puedo sumar a esos amigos? 

Entonces yo disminuyo y ahora el protagonista es Jesús. Yo soy su embajadora, mi única tarea es hacer fluir a Él en esa relación, entonces ya no tendré miedo de no gustar o de caer mal, porque ya no se tratará de mí, sino de Él. 

Jesús lloró cuando su amigo Lázaro murió (Juan 11), aunque Él sabía que el Padre lo iba a resucitar, porque Cristo fue 100 % humano y 100 % Dios. En lo humano, estaba triste, pero Jesús llevó su amistad con Lázaro a un lugar mejor, al de la experiencia con el Padre y ahí encontró vida. 

“Puedes tener miles de amigos en lo humano, pasarla lindo, divertirte, comer y sentir el corazón contento, pero solo hay Vida cuando se involucra Jesús”

Támara Bazán Sosa, pastora y diseñadora de indumentaria.

¿Tú quieres amistades para pasarla bien o amistades para que fluya vida? Las primeras crean tesoros en la Tierra, las segundas crean tesoros en la eternidad. 

Si quieres amistades para que fluya la vida, tienes que morir a ti, a tu manera de hacer, para que tu vivir sea el vivir de Cristo. Cuando es Él a través de ti, entonces ya no te relacionas solo emocionalmente, ya no necesitas los muros protectores, ya no tienes miedo de hacer ni de perder amigos. Porque ahora Jesús dirige desde adentro tu vida y juntamente con Él, también vendrán las amistades que deseas y la sabiduría para hacerlas crecer, porque si lo tienes a Él, entonces lo tienes todo.