Lamentablemente vemos en las estadísticas que cada día son más las personas que deciden quitarse la vida. De hecho, ocupa el cuarto lugar en todo el mundo en las causas de muerte de jóvenes de entre 15 y 29 años de edad, según la OMS. Esto es realmente alarmante y debe llevarnos a la reflexión en familia, y sobre todo como también como Iglesia.

Esta es una problemática muy compleja como para abordarla en unas pocas líneas. Sin embargo, se me ha pedido hacer algunas consideraciones al respecto y me honra poder colaborar con las familias. En primer lugar, quisiera comentar respecto a cómo manejar esta situación en el seno de nuestras familias o con amigos cercanos, para luego poder reflexionar juntos acerca de lo que necesitamos para prevenir y evitar este flagelo.

En casos de suicidio es donde más nos cuesta manejar el dolor. Sobre todo, si la persona que toma esta decisión es un adolescente o joven. La mayor dificultad para los que siguen con vida es manejar la “culpa”. Por esto es bueno recordar lo siguiente:

  • La decisión de una persona de quitarse la vida nunca es predecible para quienes están a su alrededor sino hasta que sucede. Generalmente la persona decide no hablar de lo que le está atormentando (lo cual es un grave error porque de haberlo hablado podría haberse evitado este desenlace).
  • Las causas de estas decisiones del individuo son múltiples e internas, sobre todo. Recuerde que somos bio-psico-socio-espirituales. Por lo tanto, el suicidio es una reacción ante la desesperación por múltiples causas o sufrimientos.
  • El suicidio es una realidad alarmantemente creciente en las últimas décadas.
  • Aunque hayamos tenido limitaciones humanas como padres (que de hecho las tenemos), nunca es “culpa” de los padres una decisión de esta magnitud.
  • El ser humano tiene libertad de elegir cómo y cuándo morir. Si es responsable, cuida su salud integral, come sano, hace actividad física y vive con propósito, está eligiendo vivir larga vida. En el caso del suicidio se está eligiendo morir antes de tiempo.

Si queremos hacer una reflexión seria y profunda de los problemas humanos, debemos considerar el diagnóstico de Dios al respecto. Y lo encontramos en las primeras 2 hojas de la Biblia. Para Dios el ser humano está muerto. Entendemos por la Escrituras que el ser humano en su desobediencia se independizó de Dios y quedó fuera del ámbito espiritual para el que fue creado. Por lo tanto, experimenta ahora una serie de tormentos emocionales y experimenta un vacío existencial porque nada puede llenarnos por los sentidos naturales.

Todas las experiencias que el ser humano busca como opciones para llenarse solo dejan vacío. Y en este vacío, muchas veces la única opción que aparece en la mente enemistada con Cristo, para escapar, es el suicidio. El ser humano fue diseñado para vivir la plenitud de estar lleno de la vida de Dios. Cristo es lo único que puede dar deleite y plenitud, es el único que puede llenar los vacíos. Si Él es nuestra nutrición diaria, estaremos llenos de Su vida y las circunstancias adversas no nos moverán. Los escritores bíblicos dan evidencia de esto.

“TENGO LA PLENA SEGURIDAD Y LA ESPERANZA que jamás seré avergonzado, sino que seguiré actuando con valor por Cristo, como lo he hecho en el pasado. Y confío en que mi vida dará honor a Cristo, sea que yo viva o muera. Pues, PARA MÍ, VIVIR SIGNIFICA VIVIR PARA CRISTO Y MORIR ES AÚN MEJOR. Pero si vivo, puedo realizar más labor fructífera para Cristo. Así que realmente no sé qué es mejor. Estoy dividido entre dos deseos: quisiera partir y estar con Cristo, lo cual sería mucho mejor para mí; pero POR EL BIEN DE USTEDES, ES MEJOR QUE SIGA VIVIENDO”. 
Filipenses 1. 20 – 24 NTV

En esta carta Pablo está escribiendo desde la cárcel. Y eso no es un detalle menor sobre todo por cómo él interpreta lo que le está sucediendo. Todo ha servido para el avance del Evangelio, les dice a los filipenses. Pablo tiene un sentido de vida tan profundo que la adversidad no lo mueve. Está lleno de Cristo.

Pero lo que más impacta en este texto es que aún en una situación adversa como ésta, Pablo parece estar haciendo una broma respecto a morir o vivir. Lo tiene tan resuelto que puede hacer una broma al respecto. Nosotros no sólo no hablamos del tema, sino que jamás se nos ocurriría ponernos irónicos o hacer bromas al respecto de la muerte. Pero Pablo lo tiene resuelto. No se maneja por criterios humanos, ni por las circunstancias de la vida. “Para mí el vivir es Cristo”, les dice. Y ahí está la clave de todo. ¿Vivimos nuestra propia vida o vivimos Su vida? A los Romanos y a los Colosenses les escribió esto mismo.

“Pues no vivimos para nosotros mismos ni morimos para nosotros mismos. SI VIVIMOS, ES PARA HONRAR AL SEÑOR, Y SI MORIMOS, ES PARA HONRAR AL SEÑOR. Entonces, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos al Señor”. Romanos 14. 7 – 8 NTV
“Ya que han sido resucitados a una vida nueva con Cristo, pongan la mira en las verdades del cielo, donde Cristo está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues USTEDES HAN MUERTO A ESTA VIDA, Y SU VERDADERA VIDA ESTÁ ESCONDIDA CON CRISTO EN DIOS”. 
Colosenses 3. 1 – 3 NTV

Aquí Pablo profundiza un poquito más la cuestión. “Ustedes han muerto a esta vida…” es una gran clave para interpretar toda circunstancia. Al profundizar en la obra de la cruz, vemos que hemos muerto con Cristo y ahora hemos resucitado con Él. Cristo es nuestra resurrección y nuestra vida. Por eso Pablo tiene el tema resuelto. Él ya murió y ahora vive en Cristo, vive a Cristo. Ahora Pablo sabe que su vida está escondida con Cristo en Dios. Toda circunstancia se interpreta desde allí, con la mira puesta en las cosas de arriba. Con criterios eternos y no temporales.

De esto les habla a los Corintios y de hecho interpreta las circunstancias como leves o pequeñas al compararlas con lo eterno que es el crecimiento de Cristo en nosotros.

“Es por esto que NUNCA NOS DAMOS POR VENCIDOS. Aunque nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu va renovándose cada día. Pues NUESTRAS DIFICULTADES ACTUALES SON PEQUEÑAS Y NO DURARÁN MUCHO TIEMPO. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades! Así que NO MIRAMOS LAS DIFICULTADES QUE AHORA VEMOS; EN CAMBIO, FIJAMOS NUESTRA VISTA EN COSAS QUE NO PUEDEN VERSE. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero LAS COSAS QUE NO PODEMOS VER PERMANECERÁN PARA SIEMPRE”. 
2 Corintios 4. 16 – 18 NTV

Sobre el final de sus días, le escribe a su amado hijo espiritual Timoteo y le habla acerca de cómo interpreta su vida y su muerte. Veamos el sentido que da a su vida y su muerte por estar lleno de Cristo.

“En cuanto a mí, MI VIDA YA FUE DERRAMADA COMO UNA OFRENDA A DIOS. Se acerca el tiempo de mi muerte. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera y he permanecido fiel”. 
2 Timoteo 4. 6 – 7 NTV

Pablo entiende que está llegando a la meta y va a pasar al perfecto y completo descanso con el Señor, Aquel a quien tanto amó y sirvió hasta el último aliento. Vuelve a Cristo de donde salió en la eternidad.

Sin dudas, si nuestra vida es Cristo, todas las circunstancias y sobre todo la muerte serán siempre medidas con criterios eternos. Santiago en su carta también lo expresa en los mismos términos.

“Amados hermanos, CUANDO TENGAN QUE ENFRENTAR CUALQUIER TIPO DE PROBLEMAS, CONSIDÉRENLO COMO UN TIEMPO PARA ALEGRARSE MUCHO porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse”. 
Santiago 1. 2 – 3 NTV

En la versión Reina – Valera leemos “tened por sumo gozo…”. Necesitamos entender que el gozo es una condición interna, es la naturaleza de Cristo en nosotros y nada tiene que ver con las circunstancias externas.

Necesitamos entender que Dios no resuelve problemas personales. Él ha resuelto un problema global y eterno: la muerte espiritual del hombre. Ése es el gozo y eso no nos deja estar ociosos. El gozo nos hace amar lo que Dios ama. Somos parte de una eterna solución, de una eterna redención. La muerte natural ya fue resuelta en la cruz y por obra de la regeneración tenemos acceso a ella.

La gloria de Dios es todo lo que Dios es. En esa gloria hay una absoluta plenitud. Fuimos creados en esa realidad como lo vemos en el origen. Salimos de Cristo. La plenitud era nuestra realidad.

Sin dudas, cuanto más entendimiento tenemos acerca de la obra de la cruz y su operación en nosotros, mayor fortaleza interior tenemos para enfrentar, interpretar y atravesar cualquier dolor, tragedia, sufrimiento y aun la muerte y el duelo.

La esperanza para nuestras vidas y familias y para este mundo está en experimentar el verdadero nuevo nacimiento: unirnos a Cristo y experimentar Su vida en nuestros espíritus regenerados, vivir alimentando la vida de Cristo en nuestro interior y a medida que Su vida aumenta en nosotros poder llegar a decir como Pablo: “ya no vivo yo, vive Cristo en mí”.

Si nos consideramos cristianos y nos sentimos vacíos, si no podemos decir Cristo “vive en mí”, debiéramos preguntarnos: ¿de qué nos estamos nutriendo?

Si Cristo es vida y está en nosotros, y si permanentemente nos estamos nutriendo de Él como el Pan de vida, ni las tentaciones de este mundo que buscan mentirosamente llenarnos, ni el suicidio serán una opción porque en nuestro interior fluye vida y estamos completos en Él.

Psicólogo egresado de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Profesor de Enseñanza Media y Superior en Psicología, egresado de la Universidad Nacional de Rosario. Terapeuta Familiar. Bachiller en Teología, egresado en el año 2001 del IETL de Rosario. Pastor en CTHTN Rosario y zona. Escritor y Conferencista.