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| James W. Goll |
Creo que cualquiera que desee entrar en intercesión en tiempo de crisis como parte de la tormenta de oración, de orar por crisis tanto como para un avivamiento, o por el despertar de la juventud e Israel, debería ser consumido por el clamor: "¡Señor, poséeme!"
Usted y yo necesitamos ser poseídos por el Espíritu de Dios. Necesitamos que Él sacuda el don espiritual en nosotros. Necesitamos ir más allá en nuestros dones. Necesitamos su poder en modo personal. Necesitamos ser levantados por su gracia para tener pasión por Jesús y compasión por las personas como nunca hemos tenido. Necesitamos mayor autoridad y que la santa mano del Todopoderoso venga y nos cubra.
Por lo tanto te comienzan a llegar las preguntas: "¿Cuán desesperado estas? ¿Cuán desesperado estas por el Señor mismo, y por tu familia, tu iglesia, tu región? ¿Cuánto deseas un mover de Dios, por amor a la gente de la cual eres un embajador celestial?
Las personas desesperadas hacen oraciones desesperadas, oraciones extremas. Y, como consecuencias, tienen resultados extremos. Nunca hubo un tiempo en la historia sin que las oraciones extremas precedan el cumplimiento de los propósitos de Dios. No sé usted, pero yo quiero ser una de las "personas desesperadas" de esta generación, que hacen oraciones extremas y logran resultados extremos.
El mover y la gloria van juntos
La razón por la cual la intercesión en crisis es tan importante es, precisamente, porque será en tiempo de crisis –esos tiempos cuando todo es zarandeado y la gente está más desesperada que nunca– cuando la gloria de Dios vendrá. Una vez que usted entiende este principio entenderá que los desastres, en realidad, son buenas nuevas. El profeta Hageo tronó: "Así dice el Señor Todopoderoso: ‘Dentro de muy poco haré que se estremezcan los cielos y la tierra, el mar y la tierra firme; ¡haré temblar a todas las naciones! Sus riquezas llegarán aquí, y así llenaré de esplendor esta casa’, dice el Señor Todopoderoso. ‘Mía es la plata, y mío es el oro’, afirma el Señor Todopoderoso. ‘El esplendor de esta segunda casa será mayor que el de la primera’, dice el Señor Todopoderoso. ‘Y en este lugar concederé la paz’, afirma el Señor Todopoderoso" (Hageo 2:6-9).
Esta profecía se cumplió históricamente, pero tiene una aplicación también para el tiempo presente, porque vivimos en un tiempo en el cual esperamos que un mayor crecimiento de la gloria sea soltado sobre nosotros, y en nosotros y a través de nosotros. Suficiente gloria como para que la primera –la cual seguramente recuerda, impedía que el sacerdote permaneciera de pie– parezca una mera sombra.
El Señor Todopoderoso estremecerá los cielos, la Tierra y los océanos. Estremecerá los gobiernos de las naciones. Y esto es bueno porque hará que la gente se desespere, y más gente estará desesperada por Dios. Cuando gente desesperada busca más de Dios, su gloria "llenará el Templo", el cual ya no es un edificio hecho de piedra, sino ahora es el cuerpo de Cristo en la Tierra.
En otras palabras, los eventos críticos alrededor del planeta, sean desastres naturales o desaciertos humanos, representan el celo de Dios por liberar su juicio sobre todo lo que se opone a su amor. Y en su sabiduría y soberanía, los juicios de Dios son siempre redentores.
Esa es una declaración fuerte. La mayoría de nosotros no la entendemos. Los juicios de Dios son siempre redentores. No son el castigo de un Dios egoísta y enojado, quien quiere exterminar o desechar a los pecadores. Cada crisis es, por naturaleza, redentora, porque a través de ella Dios puede quitar los obstáculos que impiden a las personas recibir su amor. Él quiere llevar a su novia sin mancha. Esa es su pasión.
La Iglesia está pronta a acusar a Satanás o al pecado por cada cosa que anda mal. Pero nos paralizamos con titubeos cuando nos toca hablar del rol del Dios en los desastres. ¡Creo firmemente que Dios es bueno en todo tiempo! ¿Cómo puede ser bueno y al mismo tiempo permite que la maldad corra desenfrenada? Él tiene un gran cuadro. Él es soberano. Sabe qué acciones tomar para cercarlo. Algunas veces obra directamente, y otras indirectamente, mientras permite obrar a otras fuerzas. Pero en todo caso, Él gobierna. Dios gobierna. Está sentado en su trono, y no se le pierde una sola cosa.
Es más, ¡Él gobierna a través de su pueblo! Gobierna, pero no lo sostiene de los hilos como si fueran un montón de marionetas. Es soberano, pero no gobierna solo. Él estableció un rol para personas como nosotros, con el fin de extender el gobierno de su Reino. Ese rol se llama "oración". Permite a Satanás expresar su ira, pero aun así, ¡lo tiene amarrado a una correa! En la culminación de los tiempos finales, esos límites satánicos, los cuales a menudo nos parecen demasiado generosos, serán ampliados mucho más (ver Apocalipsis 12:12).
El pecado del hombre permite traer muerte y destrucción. El libre albedrío que Dios nos ha dado nos permite tomar decisiones que afectan la vida real. Las elecciones algunas veces son buenas, y otras, malas. Las decisiones hechas con libertad, dan una entrada legal sea a ángeles como a demonios para actuar en el reino natural. Cuando la gente vive en rebelión con Dios, abren puntos de acceso legal para la actividad demoníaca. Las decisiones tomadas en libre voluntad son importantes, afectan la calidad de vida presente y por la eternidad.
La rebelión produce un punto de acceso también a la maldad. La obediencia a Dios abre las puertas del cielo, como escribí en el último capítulo de mi libro El vidente. En la oración modelo de Jesús, la cual llamamos "La oración del Señor", incluye las palabras: "Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, así en la tierra como en el cielo" (Mateo 6:10). A medida que nos alineamos con su voluntad, permitimos que el cielo penetre el reino terrenal. ¡Cuando su voluntad se establece, su Reino es liberado aquí y ahora!
Como resultado de la tentación de Satanás y el pecado de la humanidad, toda la creación sufre. El reino animal, el reino vegetal, la atmósfera, aun la roca bajo nuestros pies está bajo agresión, se desintegra. Pablo escribió: "Sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora" (Romanos 8:22).
La Tierra está esperando algo. Usted y yo sabemos qué es. Es Jesús que regresa a reclamar todo para Él. ¡Pero la creación también espera que los creyentes tomen su lugar y ejerzan autoridad en sus esferas de influencia! Está todo claro a medida que continuamos leyendo el capítulo 8 de Romanos: "Y no solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados (…) Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios" (8: 23-24, 26-27).
Eso nos lleva nuevamente a la intercesión. ¿Ve cuán importante es cumplir con su compromisos de oración y orar en el Espíritu? Está ayudando a abrir las puertas del cielo para que el Rey pueda encontrar fe en la Tierra. Usted está en la brecha que lo separa del mundo que quiere salvar. Usted obra de trasmisor para que el idioma del cielo pueda ser oído en la Tierra. Los tiempos de crisis proveen oportunidades estratégicas.
Hay anuncios de tormenta
Otro modo de ver esto es decir que el temblor, los golpeteos y las mismas tormentas son en realidad avisos de tormenta. Podemos esperar que sean más severas a medida que los tiempos finales se acercan. Son los anuncios de Dios; Él está dando al hombre una oportunidad de responder a su ofrecimiento de salvación. Arroja su plomada –su Palabra y su carácter– en medio de las naciones, comenzando por la Iglesia. Todo lo que no está en línea con ella está deformado y retorcido; por eso ocurren las tormentas y las crisis. Esto es verdad en el mundo natural y en el mundo espiritual.
Puedo pensar en al menos tres tipos de tormentas. Debemos responder a cada uno de ellos en un modo diferente:
Tormentas del juicio de Dios: cuando estamos en medio de tormentas de confusión y conflicto, nuestra respuesta debe ser un grito de misericordia. Quebrantados y humillados, confesamos nuestros propios pecados, y confesamos los pecados generacionales. Entramos en intercesión embajadora, algunas veces reuniéndonos con otros en solemnes asambleas. Precisamos ser tenaces en nuestras oraciones.
Tormentas de oscuridad, ataque demoníaco: cuando Dios permite tormentas de ataques demoniacos, primero debemos eliminar todo territorio común con el enemigo, y luego pararnos en un lugar de autoridad de intercesión. Rechazamos este tipo de tormenta. Estas tormentas requieren fe resuelta, resistencia y audacia de parte del intercesor. Necesitamos hacernos fuertes. Necesitamos mantener nuestra pureza, permitiendo que Jesús nos vista de justicia.
Tormentas como consecuencia de pecados: para poder presionar en las tormentas que son resultado directo de pecado humano, necesitamos entrar en arrepentimiento de identificación, pidiendo al Señor que perdone los pecados, aun cuando no los hayamos cometido nosotros mismos. Esto requiere humildad y también falta de autodefensa. Para hacerlo seguimos el modelo de Daniel –y Esdras, Nehemías, Ester, Moisés y otros en el Antiguo Testamento–. También oramos con el modelo de Jesús: "Perdónanos nuestros pecados…" y "Venga tu reino" (Mateo 6:10, 12).
No importa el tipo de tormenta que nos golpee, necesitamos el mismo resultado: más del Reino de Dios. Cada tipo de tormenta requiere una respuesta levemente diferente, pero en un sentido, todas son iguales, llevan a la desesperación. Estamos desesperados por alivio, y desesperados por el Reino. No estamos satisfechos ni cómodos. En nuestra búsqueda, hará todo lo necesario. Oraremos, ayunaremos y nos humillaremos. A través de esto, el carácter de Dios se forja en nosotros, lo que hace posible que nos paremos en oración, nos mantengamos fuertes y erguidos por largo tiempo: "Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad, vestidos con la coraza de justicia y calzados los pies con el celo por anunciar el evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Orad en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velad en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas, y con denuedo hable de él como debo hablar" (Efesios 6:13-20).
El rol del pueblo de Dios en tiempos de crisis
La majestad y el misterio de la intercesión vienen del hecho de que Dios gobierna el universo en compañerismo con su pueblo, mediante la intercesión. Él está con nosotros, como está con su Hijo, Jesús, quien intercede perpetuamente: "Por eso puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos" (Hebreos 7:25).
"Pídeme, y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra" (Salmo 2:8). Dios gobierna –libera su poder– el universo, el cual incluye las naciones de la Tierra, en cooperación con las oraciones de los creyentes como usted y como yo. Este es un misterio, pero no es menos que realidad.
Dios ya ha determinado los eventos principales en el plan eterno. La segunda venida, la expulsión de Satanás al lago de fuego, la fundación de cielos y tierras nuevas, y mucho más se cumplirá a pesar de lo que la gente o los demonios hagan. Estos eventos no son negociables.
Sin embargo, Él decidió dar a su pueblo un rol dinámico en determinar algunos niveles de "calidad de vida" que experimentaremos hoy y en la eternidad. Dios nos ha dado a cada uno una esfera de influencia: nuestras familias, nuestras asociaciones cotidianas y muchos otros. Somos, como Pablo lo definió "colaboradores con Cristo" (2 Corintios 6:1).
Esto le da su espacio de oración, sea una oración en su habitación, en una montaña, en el asiento de su auto o en el centro de su trabajo. Sus oraciones trascienden tiempo y distancia. Pablo pudo cambiar la iglesia de Éfeso por sus oraciones, aunque estaba muy lejos, en una oscura cárcel de Roma. Nuestras oraciones pueden ser igualmente influyentes.
En respuesta a nuestras oraciones, Dios abre puertas de bendición y cierra puertas de opresión. Hay ciertas bendiciones que Dios preparó para concedernos, pero solo las recibiremos si nos elevamos en íntima comunión de oración para pedirlas.
Es absolutamente cierto que la calidad de nuestra vida y la de aquellos que nos rodean depende de nuestra respuesta a las demandas de Dios en medio de estas circunstancias difíciles. Esta vida no es un juego conocido, sino que aprendemos cosas nuevas mientras vivimos. Dios nos honró con la dignidad del ejercicio del libre albedrío. Hacemos elecciones que hacen una diferencia real, para bien o para mal. Si elegimos justamente, entonces tenemos el poder de abrir puertas de bendición para otros, como para nosotros mismos. Sin embargo, si elegimos lo malo, tenemos el poder para confinar a la gente en la oscuridad.
Quiero subrayar la importancia de hacer nuestra parte, usando nuestra libre voluntad para obedecer y orar. Algunas personas "confían" en la soberanía de Dios, pero con frecuencia no es un tipo de confianza bíblica, porque erróneamente confían que cumpla las cosas que Él nos ha asignado. Hay muchas cosas que Dios no nos dará hasta que andemos en fe obediente. La salvación en sí misma es un buen ejemplo. La Biblia nos cuenta que Dios quiere que todos sean salvos (ver 1 Timoteo 2:4), pero hablando prácticamente, esto no sucede. Aunque Dios quiere que todos sean salvos, algunas personas rechazan el ofrecimiento de salvación. Dios no violará su libre voluntad, aun cuando su salvación dependa de ello. Él es paciente, y nos dará muchas oportunidades de responder; no forzará la decisión.
Ahora, al mismo tiempo, no podemos obtener las bendiciones de Dios por medio de nuestras oraciones. Eso refleja la actitud de una "obra" permeada por un espíritu religioso. Más bien, nuestras oraciones nos capacitan para una cooperación con Él más completa para la liberación de las bendiciones. Esto se ve concretamente en la adoración de intercesión corporativa, la cual es la expresión más alta del poder de la oración para afectar el gobierno de Dios en el tiempo y en la eternidad. La adoración intercesora corporativa es mucho más potente que la fuerza combinada de todas las armas nucleares que existen. Y tenemos el privilegio, ¡oh, maravillosos privilegio!, de alinearnos con sus propósitos. Nos usa como porteros de su presencia. ¿No es maravilloso?
Ejemplos de intercesión en crisis
Mientras estamos en tiempos de crisis y transición, el enemigo intenta tomar ventaja de la situación para traer confusión y desaliento. Necesitamos discernimiento y sabiduría para distinguir la diferencia entre la ira del enemigo y el justo juicio de Dios. Primeramente es necesario orar para recibir revelación, y luego es necesario actuar y orar de acuerdo a la revelación que Dios envía (ver Apocalipsis 8:4-5).
Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre (ver Hebreos 13:8). La unción que recibimos hoy para una crisis de intercesión es la misma unción que vemos operando a través del Antiguo Testamento. Veamos algunos ejemplos.
El trueque de Abraham. En los textos antiguos encontramos la historia de Abraham poniéndose en la brecha por Sodoma y Gomorra. Dios quería destruir estas dos ciudades porque estaban llenas de maldad. Pero Abraham, en parte a causa de su sobrino Lot, tuvo el coraje de regatear con Dios, como uno que regatea en el mercado: "¿Salvarás la ciudad si se hallaran cincuenta justos en ella (…) si se encontraran cuarenta (…) si se encontraran treinta?" Y continúo descendiendo hasta llegar a diez hombres justos. Resultó que Dios no pudo encontrar ni siquiera diez hombres justos en la ciudad, apenas pudieron escapar el sobrino de Abraham y sus hijas delante del furioso juicio de Dios que destruyó completamente la ciudad (Génesis 18:16-33; 19:27-29).
La conversación de Abraham con Dios nos muestra que también podemos usar a veces esta opción. Dios no desdeña las oraciones "de trueque". Quizás hay un principio en esto: cuando el hombre cesa, Dios cesa. ¡De modo que continúe pidiendo!
Los 300 hombres de Gedeón. ¿Recuerda el proceso de eliminación en que Dios guió a Gedeón? La historia está en el capítulo 7 del libro de Jueces. Al final, los únicos hombres a los que se les permitió formar parte del ejército de Gedeón fueron aquellos quienes, cuando llegaron a las aguas para beber, se arrodillaron sobre una rodilla y llevaron el agua a la boca. En otras palabras, eran centinelas, mantenían un ojo atento a lo que sucedía a su alrededor, aun mientras bebían. Eran "centinelas adoradores", arrodillados sobre una rodilla pero con los ojos abiertos, alertas al peligro.
Yo siento una verdadera conexión con Gedeón. De hecho, puedo sentir sobre mi vida la "unción de Gedeón", cuando –completamente consciente de mi insignificancia y pequeñez– levanté un ejército de centinelas que marchan sobre sus rodillas, alertas a las amenazas y fuertes en el Señor. En realidad, quiero ver un millón de centinelas adoradores que se levanten alrededor del mundo y se unan a nuestra tormenta de oración. ¿Será usted uno de ellos?
Ana clamó por un hijo. Ana estaba en una crisis personal. La rival principal, la otra esposa de su marido, Penina, podía tener hijos pero ella era estéril. Estaba desesperada por un hijo. Así que, un año cuando el grupo familiar viajó para adorar y ofrecer sacrificios en Silo, Ana en un gran esfuerzo, regateó con Dios en oración, prometiendo dedicar su hijo al servicio al Señor si Él abría su vientre (1 Samuel 1). Sucedió como ella había orado, y su hijo Samuel se convirtió en sacerdote, juez y profeta, quien también fue intercesor y muy importante para la historia de Israel. La oración de Ana fue motivada por la desesperación, pero como sucede frecuentemente, Dios responde a su oración con un propósito mucho mayor. ¡Será lo mismo, también, para su vida!
La cita divina de Ester. En un tiempo de crisis, cuando se había planeado un genocidio contra el pueblo judío, Ester se encontró en una posición "para un tiempo como este", en el cual ella podía intervenir, con estrategias y circunstancias que solo Dios pudo proveer para revertir el decreto de muerte. Que hoy, nuevamente, la unción de Ester sea soltada. Que en esta generación, la esposa de Cristo en todo el mundo esté posicionada y preparada para alzarse en toda su belleza y estar de pie para enfrentar la maldad. ¡Que el cuerpo de Cristo se levante y tome lugar con Israel en los últimos días!
La intercesión ferviente de la primera iglesia. Los miembros de la primera iglesia sufrieron una severa persecución individual y colectiva. Ser un seguidor de Jesús era un asunto de vida o muerte. ¿Los creyentes escaparon o se escondieron? No, permanecieron y oraron. Pero no oraban tanto por protección como oraban para ser testigos efectivos en medio del hostigamiento. Oraban de este modo: "Ahora, Señor, toma en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos el proclamar tu palabra sin temor alguno. Por eso, extiende tu mano para sanar y hacer señales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo Jesús". Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno" (Hechos 4:29-31).
Oraron, y el edificio se sacudió. Este no era solo otro temblor natural. Era como un abrazo celestial. Al mismo tiempo que la casa fue sacudida, fueron tan llenos del Espíritu Santo que comenzaron a predicar. No importaba que las paredes mostraran rajaduras. No importaban las nuevas amenazas que sus enemigos lanzarían la mañana siguiente cuando caminasen por calles. ¡Dios estaba en la casa y los milagros estaban en el aire!
La liberación de Pedro. ¿Recuerda la historia de la milagrosa liberación de la cárcel del apóstol Pedro? "Pero mientras mantenían a Pedro en la cárcel, la iglesia oraba constante y fervientemente a Dios por él" (Hechos 12:5). Hacían lo único que podía marcar una diferencia: se juntaron y oraron. Ya habían matado a Santiago, el hermano de Juan. Para evitar que Pedro fuera el siguiente en la lista, la iglesia oraba. Probablemente no era un gran grupo, no más de los que pudieron reunirse en una casa. Pero eso no hizo que menguaran. Oraron fervientemente. Ninguno se sorprendió más que ellos –bueno, tal vez Pedro se sorprendió más– cuando un ángel vino y lo sacó de una cárcel segura (ver Hechos 12:6-17). No fue un problema para el ángel. La iglesia había orado y él fue convocado para responder. Como resultado directo de la liberación de Pedro, continuó predicando y la iglesia fue fortalecida. Al enfrentar la crisis, la iglesia sintió que Pedro era irremplazable. Se presentaron ante Dios. Dios estuvo de acuerdo y lo liberó para que pudiera continuar ministrar el nombre de Jesús. ¡Podemos hacer lo mismo!
Podríamos hablar durante un mes y no cubrir todos los resultados maravillosos de oraciones en tiempos de crisis. Dios no es solamente el Dios de Isaías o del apóstol Pedro. Él es el Dios de todos nosotros, y quiere ungirnos y darnos tareas de oración. Quiere enviarnos a lugares en los que nadie haya orado todavía. Dios busca un pueblo contrito y humillado que reconozca los tiempos en los que vive, y sepa lo que el Señor pide de su pueblo en esa determinada situación. Busca personas que quieran aprender sobre confesión, arrepentimiento e intercesión.
Nos urge a cultivar un autentico espíritu de fe mezclado con el espíritu de revelación, los que vienen directo del corazón del Padre. Entonces puede enviarnos directo al rostro del enemigo para decir: "¡Hasta aquí y basta! ¡Toma esto de parte del Reino del Rey!" "¡Aquí estoy Señor! Úsame. Úsanos. Permite que la intercesión se levante en tiempo de crisis. Enséñame a ponerme en la brecha para que venga tu Reino y sea hecha tu voluntad así en la Tierra como en el cielo. Captúrame para tus santos propósitos, en el santo nombre de Jesús. Amén".
Tomado del libro: Tormenta de oración de Editorial Peniel