Una batalla necesaria contra la pornografía, para experimentar la victoria moral. “¿Habrán de derramarse tus fuentes por las calles y tus corrientes de aguas por las plazas públicas? (…) ¡Bendita sea tu fuente!” (Proverbios 5:16-18).
En 1944 una flota de barcos se encontró con un enemigo tan mortal como la Marina Imperial Japonesa. No había fotos vía satélite del clima, no habían sonidos de alarma. Pero el mar comenzó a agitarse, la presión barométrica comenzó a bajar; el viento comenzó a rugir aumentando su velocidad y fuerza. La flota tenía poco combustible debido a las previas operaciones de apoyo para la guerra en las Filipinas; como resultado, los barcos estaban en la parte alta de las aguas. Aunque la flota tuvo órdenes de viajar con las naves de abastecimiento, el mar se estaba poniendo bravo y era imposible recibir el abastecimiento de combustible, tan necesario.
Los barcos eran sacudidos por la tormenta, cuyo sobrenombre extraoficial era “Cobra”. Las olas crecían más y más. Los vientos aumentaron a cuarenta, cincuenta y luego sesenta kilómetros por hora, con ráfagas que pasaban ochenta. El ojo del tifón estaba a menos de cincuenta kilómetros de la flota y se acercaba rápidamente. Olas de seis y diez metros de alto, que entonces crecían a veinticinco y luego a treinta metros de alto, estaban arrojando a los barcos como si fueran juguetes. Los barcos comenzaron a llenarse de agua, eran empujados de un lado a otro, aguantando inclinaciones de setenta y ochenta grados. El viento era tan feroz que le sacó la pintura a las paredes de contención.
Fuertes ráfagas hicieron que los remaches que sostenían algunos de los mástiles comenzaran a salirse, y varios barcos perdieron por completo todos sus mástiles. Los vientos persistentes mantuvieron a los barcos inclinados a treinta y cuarenta grados, mientras que las olas estaban casi por volcarlos.
Barcos que habían estado en formación ahora se encontraban dispersados por toda el área. Las válvulas de ingreso de aire que solían proveer oxígeno a las calderas, ahora recibían agua del océano, apagando así el fuego de las calderas principales.
Los barcos comenzaron a perder propulsión y potencia eléctrica; ahora flotaban sobre el agua, incapaces de maniobrar. Se encontraban a la merced del océano, atrapados por las olas tempestuosas del “Cobra”.
Y no eran tan solo los barcos más pequeños los que eran lanzados por el tifón. Los portaaviones y los acorazados también luchaban por mantenerse a flote. Los aviones se salían de sus cables de contención y rodaban dentro del hangar.
Estos aviones descontrolados chocaban contra otros aviones, produciendo la fuga de combustible e incendios. Se incendiaron tres portaaviones. Algunos aviones rodaron hasta salirse de las naves y caer en el océano.
Tres destructores volcaron y se hundieron en el mar, con una terrible pérdida de vidas. Nueve barcos sufrieron serios daños, otras diecinueve naves sufrieron daños menores, tres portaaviones se incendiaron cuando aviones chocaron en sus hangares; y unos ciento cuarenta y seis aviones pertenecientes a distintas naves se perdieron... Cerca de setecientos noventa oficiales y hombres desaparecieron o fallecieron, y ochenta salieron heridos.
Nuestra realidad
De la misma manera en que la marina más poderosa del mundo fue destrozada e incapacitada por un poderoso tifón, la iglesia de Dios en la Tierra está siendo destrozada e incapacitada por el tifón de la pornografía. Este instrumento del enemigo de nuestras almas está arrasando con la Iglesia, intentando hundir a personas, familias e incluso comunidades enteras con su fuerza destructiva. Intenta separar a creyentes individuales del resto del Cuerpo de Cristo, convirtiéndolos en inútiles para el reino de Dios. Quiere llenar las mentes y las almas de los cristianos con material sucio, para destruir su ímpetu por las cosas de Dios. Quiere desestabilizar las vidas de los creyentes y sus familias, y ponerlas patas para arriba.
El tifón de la pornografía difiere del tifón natural de una manera peligrosa e insidiosa, nunca termina, sino que en cambio aumenta su fuerza. Un tifón natural tiene una duración bien limitada. Se desarrolla, madura y luego se disipa. Pero el tifón de la pornografía, al que llamaré “Hugo” –aunque se lo puede culpar a más de un hombre–, simplemente continúa aumentando su fuerza.
En diciembre de 1953 Hugh Hefner dio inicio a la revista Playboy, la cual en 2002 celebró su quincuagésimo aniversario. En una reciente entrevista, Hefner declaró: “Playboy es una revista de estilo de vida. Estuvimos allí desde el comienzo, abogando por la libertad sexual del individuo. Y creo que ahora vivimos en un mundo Playboy”.
¿Vivimos verdaderamente en “un mundo Playboy”, como lo afirma Hefner? ¿Qué quiere decir “libertad sexual del individuo”? ¿Quiere decir hacer lo que uno quiere, con la persona que uno quiere, sin importarle las consecuencias? ¿Quiere decir ignorar las leyes de Dios, las cuales hacen un llamado al refrenamiento moral y la adhesión a las reglas o leyes de conducta sexual? ¿La “libertad sexual del individuo” significa desafiar el libro de reglas de Dios para tener una “vida exitosa” de manera diferente a como la muestra La Biblia? Si es eso, ¿experimentaremos las mismas consecuencias que tuvieron aquellos que en el pasado también practicaron la filosofía Playboy en sus propias culturas?
Cuando Dios expresó por medio de la ley sus normas de pureza sexual, los castigos que se declararon por la violación de sus leyes incluían enfermedades. Deuteronomio 7 dice que si se obedecían esas leyes estrictamente, Dios no enviaría sobre sus hijos ningunas de las enfermedades que habían visto en Egipto.
Luego prosiguió a advertir a los hijos de Israel a que no participaran en ninguna de las prácticas sexuales de las naciones de alrededor. Estas prácticas sexuales les eran detestables y provocaban su juicio. Salomón expresó descripciones explícitas de los efectos de la promiscuidad sexual en Proverbios 5. La premisa es que, si estamos verdaderamente violando las normas de santidad de Dios tal como lo dicen Las Escrituras, hay una correlación estadística entre la inmoralidad sexual y el predominio de las enfermedades.
En otras palabras, si vivimos en un mundo Playboy, con una expresión desenfrenada de lujuria sexual, ¿experimentaremos entonces el juicio de Dios expresado por medio de la enfermedad? Yo creo que la respuesta a esa pregunta es evidente.
Como un tifón que aflige a una flota entera, cada familia –cada hombre, mujer, y niño– es afectado por el tifón de la pornografía. Hay cosas que debe hacer un barco que está en el mar atrapado por un tifón para sobrevivir.

La buena noticia es que la mayoría de los barcos atrapados por el tifón “Cobra” sobrevivió. De la misma manera, hay principios y verdades bíblicas sólidas que pueden ayudarnos a sobrevivir al tifón de esta cultura.
Tomado del libro: La Guerra Interior de Editorial Patmos