| La Corriente | ||||
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La tarea de buscar a los perdidos Dic | 2008 (GMT-3) La Iglesia necesita enfocarse en cumplir el mandato que Cristo nos ha dejado. Puede ser que la cultura en la que estamos inmersos lleve a la Iglesia a cuestionarse ciertas prácticas que hasta el momento ha adoptado. ¿Hemos realmente enfocado nuestra visión en brindar las nuevas buenas del Reino a los perdidos, o simplemente nos conformamos con recibirlos bien dentro de nuestros templos? Aunque en las sociedades tradicionales las iglesias han operado con una filosofía "venga a nosotros", esto ya no es adecuado cuando la Iglesia se encuentra marginada y existe como una sola pieza en un mosaico complejo, social, múltiple y cambiante que constantemente ordena las piezas. Hoy esto representa un desafío para la Iglesia, exige que cambie su orientación de una dinámica centrípeta a una dinámica centrífuga. En otras palabras, la Iglesia debe estar no solo invitando sino infiltrándose en los grupos que busca, para presentar al Salvador. El llamado método evangelístico "sensible al buscador" está construido sobre la premisa que los miembros de la iglesia invitan a amigos, quienes todavía no son cristianos, para acompañarlos a la iglesia, y que esos amigos están preparados para realizar ese viaje con el fin de escuchar el Evangelio. El método "sensible al buscador" refleja un honesto y determinado esfuerzo para dar una bienvenida a casa a los buscadores serios que no tengan antecedentes de haber estado anteriormente en una iglesia, o con experiencias negativas al haber asistido. Sin embargo, ello probará una respuesta inadecuada para los desafíos más recientes que confrontan a las iglesias. El problema que la iglesia enfrenta entre el Evangelio y la cultura, es que constantemente debe examinar su propia interpretación. Muchas iglesias todavía tienen que enfrentar el desafío de llegar a ser verdaderamente "misionales". Sin embargo, las iglesias "sensibles al buscador" han demostrado un punto importante; es decir que los buscadores están preparados para asistir a un culto de adoración. La reunión semanal del pueblo de Dios es un elemento clave en la dinámica de la atracción. Sin embargo, nos dejan preguntándonos si dan el suficiente crédito a los buscadores con respecto a la voluntad de participar, y no de simplemente permanecer como observadores en medio de una congregación pasiva. No es simplemente el hecho de desarrollar mejores estrategias de mercado o de presentar una imagen actualizada. Se requiere de una experiencia transformadora de Dios y un compromiso más profundo con Las Escrituras, tanto para formar la vida interna de la iglesia como para definir su misión en el mundo. Las iglesias necesitarán llegar a ser congregaciones genuinamente apostólicas, con el compromiso de vivir su fe en el mundo, sintiéndose cómodas trabajando en las líneas de frente, y preparadas para aventurarse en nuestros territorios.
La adoración no es meramente un tiempo para hablar corporativamente acerca de Dios, sino para hablar directamente a Dios y para escuchar a Dios hablar. Cuando Dios habla y es realmente escuchado, nuestras mentes son iluminadas y nuestras vidas son impactadas. El resultado de la adoración es triple: es reconciliación con Dios y con nuestros semejantes; es inspiración a través del conocimiento de Dios en nosotros; y transformación que resulta del encuentro con lo divino. La adoración sin vida, sin significado, inevitablemente desalentará al recién llegado que todavía no es creyente. Pero en la adoración sincera de una persona rendida a Él, Dios habita. Así, los incrédulos son también propensos a sentir la presencia de Dios. Hay una creciente evidencia de que los "cristianos" desilusionados ahora miran fuera del cristianismo, y de que un horriblemente gran número de jóvenes han renunciado a la Iglesia. En el caso de ellos, la Iglesia debe convertirse en el buscador, siguiendo el ejemplo de Jesús. ¿Qué significaría para la Iglesia el hecho de tener que convertirse en el buscador? En primer lugar, esto hará que la Iglesia venga a una nueva comprensión en cuanto a que es llamada para vivir no para sí misma, sino para el mundo que el Señor vino a salvar. La Iglesia necesitará revisar todas sus actividades a la luz del gran objetivo de ser una señal y un siervo del reino de Dios en el mundo. Al comprometerse en la tarea de evangelizar a otros, la Iglesia en sí es constantemente evangelizada. Sus propios miembros no pueden presentar el Evangelio a otros, sin que ellos mismos se enfrenten continuamente a las promesas, demandas y desafíos del Evangelio. El Evangelio es buenas nuevas aún después de haberlo escuchado miles de veces. El Evangelio nunca llega a ser un simple tema sacado de la historia. Cuando la Iglesia se dirige a sí misma al mismo tiempo que se dirige a otros, su acercamiento es más creíble y más atractivo.
Eddie Gibbs
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