Cuando nuestras muchas ocupaciones nos distraen de lo que es más importante. “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mateo 5:14).
La esposa de un pastor nos contó de una conversación que le cambió para siempre la manera de ver el ministerio. Una amiga fue cierta vez a verla y le preguntó si conocía a una mujer en particular. Ella trató de ubicar el nombre, pero no pudo y le preguntó:
– ¿Debería conocerla?
– Pensé que sí –respondió su amiga con melancolía–, vive a tres puertas de tu casa y se está muriendo de cáncer.
No supo qué decir. Había estado demasiado ocupada para darse cuenta… y su vecina murió tres días después.
Esa conversación fue un instrumento para desarrollar, tanto en esta mujer como en su esposo, la convicción de aliviarse de las actividades patrocinadas por la iglesia, que amenazaban con absorberles todas las noches de la semana, y despertar a su congregación a las necesidades que los rodeaban.
Seguramente que una de las artimañas más divisivas de Satanás es el aislamiento. Él quiere que estemos tan ocupados que no podamos ir donde Dios realmente quiere que vayamos, y demasiados absorbidos en nuestras pequeñas convicciones para ver el plan completo de Dios. Algunas iglesias y denominaciones se enfocan tanto en la enseñanza bíblica, el evangelismo y el discipulado, que ignoran los aspectos sociales del Evangelio, mientras que otras se concentran tanto en “hacer la obra del ministerio” que se desvían de la verdad, del estudio de La Palabra y de la importancia de la salvación.
Pero tanto el evangelismo y el discipulado como la participación social, son todos esenciales; en realidad van juntos. Existen numerosas oportunidades para que las iglesias se involucren en causas sociales mientras que, al mismo tiempo, amplíen las metas del evangelismo y el discipulado. Son iglesias que están donde el mundo va cuando hay problemas, penurias, dificultades o necesidad de protección, sea espiritual o de otro tipo.
Del otro lado de “lo quemado”
Hay una iglesia en San Andrés, Escocia, que realmente une Palabra y obra en el sitio donde nació el golf. Un destino de vacaciones conocido por su hermosa costa, ruinas históricas que llenan de asombro y un pintoresco aire de pueblo pequeño. No es el tipo de lugar que podríamos pensar como un frente de batalla.
Sin embargo, hace unos años, la Iglesia Bautista San Andrés observó que todas las iglesias del pueblo estaban concentradas dentro del pueblo propiamente dicho. La mayoría de los que ahora construían sus casas en San Andrés vivían al otro lado del río y, con frecuencia, eran reticentes a ir hasta la sección más cosmopolita y de clase más alta del pueblo.
Por lo tanto, los bautistas hicieron lo que los grupos misioneros han llamado a hacer a los creyentes de todo el mundo: en lugar de espera que “ellos” vengan a “nosotros”, la iglesia “fue a ellos”. Llevaron el servicio de los domingos por la mañana al edificio de la escuela secundaria local, justo en medio de los vecindarios que trataban de alcanzar y transformar para Cristo.
La presencia fue un gran paso, pero se necesitaba hacer algo más. Algunos miembros de la iglesia comenzaron a investigar las necesidades del pueblo, particularmente en las cuatro escuelas primarias, y desarrollaron un plan sistemático para ofrecer ayuda práctica a las familias necesitadas: “Las familias primero en San Andrés”.
Comenzaron con un equipo solo, más una gran cantidad de voluntarios. Mientras iban adquiriendo un claro sentido de la misión y conocían las limitaciones de su plan, también mejoraron en cuanto a la orientación de las necesidades a medida que se presentaban.
Algunas veces se trataba, simplemente, de reconocer el estrés de una madre soltera que necesitaba conversar con alguien, o tal vez cuidar un bebé. Otras veces, la necesidad de encarar situaciones de abuso en las cuales podía estar involucrada la asistencia social local. “Familias primero” estaba allí en todo el proceso para sostener a la familia y asegurarse de que nadie se perdiera. Luego, en otros casos, podía detenerse en las casas de ancianos solitarios que solamente necesitaban un visitante semanal que se preocupara y ayudara con algunos mandados cercanos. Por las mañanas y tardes, eran desayunos o meriendas junto con juegos, arte y deportes para los niños, cuyos padres necesitaban algo de ayuda. Se trata de una comunidad que resplandece sin parar.
Si usted fuera a la Iglesia Bautista de San Andrés este próximo domingo, existe la posibilidad de que vea a un grupo de muchachos sentados en la primera fila. Muchachos difíciles con vidas difíciles. Pero muchachos que están creciendo en el conocimiento de que son amados por Dios y su pueblo. Un proceso duro, también, con muchas equivocaciones, pero uno en el cual la gente y el pueblo se ven saliendo del reino de las tinieblas y entrando en el reino de la luz.
Tomado del libro: Luz en medio de tinieblas de Editorial Peniel