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Un mito que nos ata a la escasez
Jul | 2008 (GMT-3)

Observemos un principio de sabiduría. Dios no desea que padezca necesidad de ningún tipo, sino que sus años de vida resulten ser una experiencia de alegría, inmensa paz y suficiente provisión.

Osvaldo Carnival
Osvaldo Carnival
Culturalmente se ha caído en el error de pensar que cuanto más pobre es una persona, más santa es. El dicho popular señala: “Cuanto más pobre más santo, cuanto más pobre más ungido”. Se cree que la persona que por alguna razón logró prosperar en la vida no será vista con agrado por Dios.

Esto definitivamente no tiene nada que ver con el deseo de Dios para la vida del hombre.
La Biblia señala: “Amado, yo deseo que seas prosperado en todas las cosas, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).
Dios quiere prosperarlo. Él desea que le vaya bien económicamente, y le ha dejado su Palabra para que ella lo guíe por el camino de la sabiduría, para que sea bendecido, logre progresar y que en todo le vaya bien.
Dios ha dejado a su disposición sabiduría, que es el principio de la riqueza. Para lograr adquirirla debemos pedírsela a Dios: “Y si alguno de ustedes tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).

Dios siempre piensa de manera abundante. Si usted necesita sabiduría para dirigir su vida o sus negocios, pídasela a Dios y le será dada sin medida alguna. La sabiduría es diferente a la inteligencia. Por ejemplo, podemos encontrarnos con un médico especialista en cáncer que acabó sus estudios con los promedios más altos; puedo haber sido la medalla de oro de su curso pero, sin embargo, no puede dejar de fumar tres atados de cigarrillos por día. ¿Es una persona inteligente? Sí, pero no es un hombre sabio.

La sabiduría es la aplicación del conocimiento; pero él interviene quirúrgicamente como ningún otro, sus diagnósticos son insuperables por su eficiencia y exactitud, prevé con agudeza los tratamientos más adecuados con la necesidad del paciente, pero no es capaz de pagar el precio de vivir lo que sabe.
El sabio es el que paga el precio. Hay personas que saben mucho, pero no son sabias porque no lo aplican, no están dispuestas a pagar el precio.

Vivimos en una sociedad de consumo, donde compramos cosas que no necesitamos y otras que nunca usaremos. Mi consejo es que nos apresuremos en adquirir, sobre cualquier otro valor terrenal y pasajero, la sabiduría que viene de Dios, la cual enriquecerá y beneficiará nuestra vida como ninguna otra cosa que podamos imaginarnos. Abandone las compras sin sentido, obtenga sabiduría.

alegreDurante mucho tiempo la idea de relacionar lo espiritual con lo material pareció imposible. Los cristianos debían ocuparse de las cosas espirituales y, por lo tanto, lo material quedaba relegado a otro plano; había que alejarse de las cosas de este mundo.
Todos los extremos son peligrosos, y este tema no es la excepción.
Sin embargo, cuando nos acercamos a Dios, no para cumplir nuestra conciencia religiosa, sino con un corazón sincero que anhela conocerlo y saber el propósito para nuestra vida, Él nos sorprende. Dios posee la capacidad de darnos más de la cuenta.

Dios no desea que padezca necesidad de ningún tipo, sino que sus años de vida resulten ser una experiencia de alegría, inmensa paz y suficiente provisión. Pero si miramos alrededor, veremos cuán distante resulta esto de la realidad que vivimos; aunque ella no logra abolir el deseo de Dios: ¡Él desea bendecirlo!

Para ello usted debe comprender que el camino hacia la prosperidad comienza en Dios. La razón por la cual el hombre padece necesidad en todos los órdenes de la vida, es por haberse alejado de Dios e intentado buscar por sí mismo la manera de satisfacer sus requerimientos.

Cómo salir de la crisis económicaDios conoce cuáles son sus necesidades y, en su inmenso amor, podrá ayudarlo a satisfacerlas. Dios añadirá más que suficiente, le dará sabiduría para tomar las decisiones que le permitan dar con el camino de la prosperidad, y le aseguro que la escasez y la miseria nunca más volverán a tocar su puerta.

Tomado del libro: Cómo salir de la crisis económica de Editorial Catedral Books

Osvaldo Carnival


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