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Vida Cristiana
 
Esa cárcel fue hecha para mi
Ene | 2012 (GMT-3)

Suena raro, ¿verdad? Hasta puede producir cierto desagrado. Pero veremos que hay una cárcel que espera por nosotros con un propósito mucho más elevado de lo que podemos siquiera imaginar.
B. Courtney McBath
B. Courtney McBath

Mi esposa y yo llegamos a Norfolk en 1990 para establecer la iglesia Calvary Revival Church, la cual aun hoy lideramos. Luego del Instituto de Tecnología de Massachusetts y de unos pocos años más en Boston, Janeen y yo nos mudamos a Tennessee, donde continué con mi trabajo como ingeniero. Tuvimos tres hijos durante esos años. Uno de nuestros hijos casi muere poco después de nacer, y perdí a mi madre debido al cáncer cuando ella tenía 44 años. Unos pocos años después, rechacé un ascenso a un puesto de alta gerencia en mi compañía y, a los 30 años, me trasladé junto con mi familia a la zona Hampton Roads de Virginia. No había ningún trabajo esperándome, tenía un cuarto hijo en camino y muy pocos contactos; pero contaba con la sensación de que Dios nos llamaba a plantar una iglesia en Norfolk.

Lo que comenzó como una reunión semanal en la sala de conferencias de un hotel con veintiún individuos, pronto creció con rapidez, y nos mudamos de lugar varias veces. En 1991, comenzamos a reunirnos en un lugar alquilado de venta minorista al que algunos se podían referir como "la iglesia que se reunía en comercios". Durante ese período, alrededor de siete años, enfocamos nuestros esfuerzos en extendernos a la comunidad. A nuestro ministerio en la cárcel lo nombré el "Ministerio de Jonás" porque, como le expliqué al grupo de hombres que se reunía para nuestra reunión en la cárcel de la ciudad, de la misma manera que la ballena que tragó a Jonás se convirtió en su chaleco salvavidas, así también la cárcel podría convertirse en su chaleco salvavidas. Sin el pez, Jonás se habría hundido. La cárcel era un lugar muy estrecho, un lugar solitario, pero era mejor que la tumba. Además, les dije a los hombres que Dios tenía planes para ellos.

Dios había determinado que no morirían en medio de un asalto a mano armada, que no perecerían en un allanamiento por drogas ni que les dispararía un amigo o un enemigo. En cambio, Dios los desviaba y reedificaba a través del sistema penal. Hacía de su experiencia en la cárcel una "cárcel de diseñador", una que funcionaría para su bien.

Lo mismo sucede con tu vida. Tal vez hayas aterrizado en las limitaciones por un sinnúmero de razones, pero allí mismo en tu celda, Dios te guarda, te repara, te edifica y utiliza tus limitaciones para prepararte para las siguientes etapas de tu viaje.

He visto a Dios hacerlo por mí. Durante ese mismo tiempo, a mediados de los años noventa, experimentaba en mi propia vida lugares estrechos y limitados. Mi joven familia había crecido de tres niños a cinco en muy pocos años, y nuestra casa ahora era un lugar bastante estrecho.También en nuestra iglesia, que parecía estar llena hasta el tope, tratábamos de acomodar en el edificio alquilado las filas de personas superpuestas para cada una de nuestras tres reuniones del domingo, solo para tener que rechazar a muchas de esas almas. Peleábamos por el permiso para construir un edificio más grande para la iglesia en una tierra que habíamos comprado, pero las cosas no salían como queríamos. Intensos sentimientos de soledad e impotencia se volvían el precio diario de hacer un pequeño progreso. Aun así, mantenía mis ojos puestos en Dios, confiando en que estábamos "encerrados" en las limitaciones que Él adaptaba para nuestro beneficio.

Ahora, al mirar ese período del ministerio, se ve claro que Dios nos tenía justo donde nos quería. Bajo presión, se forjaron ciertos aspectos vitales de mi carácter. Solo Dios sabía que venía un tiempo en el que necesitaría confiar en Él para mayores recursos, mayor influencia y mayor favor. Solo Dios sabía que finalmente serviríamos a muchas personas del lugar, que las lideraríamos y las ayudaríamos en sus ministerios por todo el mundo, que transmitiríamos programas de televisión por todo el mundo y que impactaríamos a varias entidades cívicas. Sentado en mi cárcel de diseñador, no tenía la menor idea de lo que estaba por venir, pero Dios, el Diseñador, lo sabía. Sabía exactamente cómo hacer funcionar mis limitaciones para sus propósitos y para mi bien.

Por ejemplo, Dios utilizó la cárcel en la que me ridiculizaban, me tomaban en broma y me rechazaban para edificar mi carácter y para que no tendiera a enorgullecerme mientras Dios obraba de forma expansiva en mi ministerio tiempo después. Dios hizo que mi cárcel funcionara en mi vida al utilizarla para enseñarme un nivel más profundo de dependencia de Él. En mi cárcel de diseñador experimenté un quebrantamiento profundo que nunca olvidaría, pero mi fe se expandió al mirar a Dios obrar en nuestro ministerio y sacarnos de nuestras limitaciones paso a paso. Al final, no construimos una iglesia en nuestra tierra; construimos una escuela y más tarde adquirimos un depósito que convertiríamos en el recinto de la iglesia. Pero fue en el encierro de un espacio alquilado e inadecuado donde Dios me enseñó que sus recursos y su influencia son ilimitadas.

Le perteneces a Dios
¿Acaso te es difícil creer que tu cárcel podría tener un buen propósito? ¿Ves los grupos de cuatro guardias a tu alrededor y te convences de que el diablo controla lo que te sucede, como si tuviera permiso para oprimirte y destruirte? David escribió en los Salmos: "Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan" (Salmo 24:1). Si la Tierra y todo lo que contiene le pertenecen a Dios, entonces la cárcel también debe estar bajo su autoridad. El diablo no gobierna tu vida; tú le perteneces a Dios.

David también escribió: "¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia?" (Salmo 139:7). No hay lugar adonde el diablo pueda arrastrarte para esconderte de Dios. Tal vez te sientas muy fracasado, dañado y encerrado como para que Dios pueda tomarte. Quizá te sientes atrapado emocionalmente y fuera de su alcance. Quiero animarte: no hay lugar, no hay cárcel ni calabozo emocional que te esconda del Todopoderoso. Cuando el enemigo trata de limitar tu vida, aún sigue bajo la autoridad de Dios. Igual que tú. Si Dios dice: "Suficiente", entonces el diablo debe irse.

Antes de atacar a Job, el enemigo tuvo que obtener el permiso de Dios. El Señor hizo las reglas de juego. Su parte fue algo como: "Diablo, no voy a dejarte hacer nada que destruya a Job. Hagas lo que le hagas, voy a revertirlo y hacer que sea para su bien. Si te doy lugar para que maniobres en su vida es solo porque lo amo. Él tal vez no lo vea de esa manera. Quizá no lo entienda. Pero si te permito pasar por la puerta, entonces haré que todo sea para el bien de mi hijo. No lo vas a dejar afuera. No lo vas a destruir. Ya lo he equipado y preparado para cualquier cosa que traigas sobre él".

Si el diablo te colocó en la cárcel, lo habrá hecho con el conocimiento de Dios. Y debido a que Dios ya ve tu cárcel como una cárcel de diseñador, te arrastra aun más hacia su propósito para tu vida. La Biblia dice: "Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito" (Romanos 8:28). Eso significa que sea cual sea la prueba, la aflicción, la pena, el desafío o la repentina situación traumática que se interponga en tu camino, Dios ya ha arreglado que todo sea para tu bien. Puede ser que la cárcel sea un trago amargo, y solo quieres salir. Pero es verdad; tus limitaciones obran a tu favor.

Por ejemplo, tal vez en algún punto te esforzaste poco en alguna área de tu trabajo. El enemigo pensó que a través del desaliento podía bajar tu productividad, pero Dios ya ha planeado utilizar tu pobre trabajo para ayudarte a volverte más creativo y tenaz, y dirigirte a un nivel aun mayor de logros del que podrías haber logrado de otra manera. Quizá hubo un momento en el que alguien a quien amabas te dejó. El enemigo pensó que estabas vencido emocionalmente, pero Dios ya había planeado utilizar lo que te sucedió para fortalecerte y prepararte para una relación más saludable y más completa en el futuro.

Dios también puede permitir que las limitaciones vengan a nuestras vidas porque no tenemos el suficiente sentido o previsión para permanecer en su voluntad sin ellas. Quizá Dios coloque limitaciones sobre nosotros para guardarnos de hacer algo loco o desenfrenado. Tal vez nos coloque "bajo llave" para evitar que corramos hacia cualquier otro lugar. Quizá sea por eso que no obtuviste el ascenso en el trabajo. Quizá sea por eso que no tuvo éxito el cambio de puesto laboral. Quizá lo perdiste porque Dios no quería que te mudaras a otra ciudad. Ya sabes cómo somos: hacemos todo a nuestra manera. Vamos a ir donde nosotros queremos ir. Nos vamos a enamorar de quien

nosotros nos queramos enamorar. A veces, Dios coloca limitaciones en nosotros para guardarnos en el camino de la vida. No porque nos odie. Sino porque nos ama.

Es un plan
Este es el problema: pensamos que debido a que estamos en la cárcel, Dios está limitado en lo que puede hacer en nuestras vidas. Pero nuestras limitaciones se vuelven un plan para Dios.

Volvamos a pensar en Pedro por un momento. Herodes pudo haber dado la orden de colocar cuatro grupos de cuatro soldados en turnos alrededor de Pedro, pero Herodes estaba bajo la autoridad de Dios. Dios tenía pleno conocimiento sobre la concentración de seguridad. ¿Quién sabe? Tal vez Herodes dijo: "Encadenen solo un guardia al lado de Pedro", pero el Espíritu Santo dijo: "Coloquen dos a su lado". Herodes pudo haber dicho: "Denle a los guardias un descanso cuando caiga la noche porque el prisionero dormirá". Pero quizá el Señor dijo: "No, no. Quiero a esos guardias encadenados a él porque yo preparo mesa para mis siervos en presencia de sus enemigos, y no seré glorificado si sus enemigos no están a su alrededor cuando mi ángel aparezca".

Puedo escuchar al ángel decir:

—¿Puedo ir ahora, Señor? ¿Puedo sacar a Pedro?

Y al Señor respondiendo:

—Todavía no.

—Pero en dos días lo van a matar, Señor —reclama el ángel.

—Dije que esperes —ordena el Señor.

Luego, más tarde, el ángel dice:

—¿Ahora puedo ir? Solo queda un día.

—No —vuelve a decir Dios.

De nuevo:

—¿Puedo ir ahora? Solo quedan dieciocho horas.

Y otra vez:

—No.

carcelFinalmente, el ángel se sienta y piensa: "Bueno, parece que Pedro va a venir para acá después de todo". Pero justo antes del amanecer, llega la orden: "Ve y sácalo ahora". ¿Puedes ver cómo Dios obra? Espera el momento óptimo; y a veces, eso puede querer decir que Él espera hasta que las cosas parezcan bien oscuras y así armar las circunstancias para hacer algo espectacular.También, ten en mente que para este entonces Pedro duerme. A veces, Dios espera a que te duermas porque está cansado de que trates de ayudarlo. Necesita que te quedes quieto. Necesita que digas: "Dios, sé que Tú tienes esto bajo control, así que ahora voy a descansar. Estoy cansado de preocuparme. Estoy cansado de estar nervioso. Estoy cansado de tomar pastillas para dormir y pastillas para levantarme. Estoy cansado de dar vueltas como si estuviera loco. Estoy cansado de esto, Señor. Voy a descansar justo aquí y a esperar en ti". Tal vez eso sea justo lo que Dios quiere de ti. Su pensamiento puede ser: "Necesito que te quedes quieto porque si tratas de ser mi copiloto, vas a pensar que en realidad lo lograste tú solo. Tan solo siéntate atrás y mira. Te tengo cubierto, incluso si llego justo en el último minuto".

¿Sabes que Dios hará eso? Entrará una vez que tú te hayas rendido, hayas tirado la toalla y digas que es imposible. Entrará una vez que los demás te hayan dicho que lo olvides. Montará tu cárcel, tus cadenas, tus guardias y luego, justo cuando tu deceso sea inminente, Dios hará su entrada.

Dios diseña tu cárcel solo para ti
Lo que me encanta de Dios es que no necesita materiales para hacer algo bueno. Él puede tomar materiales intrínsecamente malos o limitados y hacer algo bueno. Si examinas tu vida, apuesto que descubrirás que Dios ha tomado las circunstancias, las relaciones, las disfunciones o los hábitos que te limitan, y ha creado algo beneficioso para ti y para otros. Ese es un buen momento para tomar un "descanso de alabanza" y ejercitar un corazón de gratitud a Dios.

Cuando considero nuestra lucha de años atrás para construir la iglesia en nuestra propiedad, y luego, hoy en día, veo nuestro campo escolar de jardín de infantes, escuela primaria y secundaria ubicado en ese mismo lugar, no puedo dejar de agradecer a Dios. Todo lo que se necesitó es interactuar con algunos estudiantes cuyas vidas son edificadas para recordarme que Dios puede redimir las limitaciones y generar resultados maravillosos.

No es que Dios quiera interferir u obrar a pesar de nuestras limitaciones. En realidad, Él obra con nuestras limitaciones, al diseñarlas para darnos el máximo beneficio y crecimiento. En las manos de Dios, nuestras limitaciones pueden desarrollarnos al nivel más completo y prepararnos para el propósito en las siguientes etapas de nuestro viaje.

Dios tiene sus ojos puestos sobre nuestras fortalezas y debilidades; Él conoce los planes que tiene para nosotros y el carácter que necesitamospara cumplirlos. "Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido" (Jeremías 1:5). Si alguna debilidad y área no desarrollada está en medio del camino de lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas, entonces puede diseñar nuestras limitaciones para que se encarguen de esa área y la fortalezcan.

¿Cuáles de esas debilidades te son claras bajo la presión de las limitaciones? ¿En qué áreas de tu carácter puedes sentir que cambias y creces? Pídele a Dios que te dé sabiduría sobre las áreas débiles de las que Él quiere encargarse en tu vida para que así puedas cooperar con su obra de amor. La cárcel no es señal de que Dios te ha rechazado.

Dios te ama y te elige para que seas su amigo. Él diseña y obra de forma excepcional en tu cárcel para que se vuelva el lugar de tu crecimiento. Esta es la manera en que Dios redime tus limitaciones: su obra en la cárcel es señal de su amor.

Dios también obra de forma excepcional en la vida de tus amigos y tus seres queridos. De la misma manera en que tú tienes tu cárcel de diseñador, tus amigos y tu familia también la tienen. Resiste la tentación de comparar tus tiempos difíciles con lo que puede parecer una relativa facilidad para otros. Puedes querer decir: "Ella no va a pasar

por lo que yo pasé. Él no sabe lo que yo sé. Yo tengo una licenciatura en la vida en la cárcel. Ellos no lo tienen". Pero por más que quieras seguir esa línea, resiste. Los planes de Dios para otros no son los mismos planes que para ti. Dios moldea y diseña tu cárcel para así prepararte para el viaje en curso; Él obra en la vida y las limitaciones de otros para prepararlos mejor para ellas.

La cárcel se vuelve un lugar de amistad
Todos nosotros entendemos en algún punto lo que se siente estar aislado. La cárcel de Pedro probablemente fue construida dentro dela pared externa de la ciudad, es decir, fue apartado de las personas y la vida social. Puedo imaginarlo allí anhelando su ciudad, anhelando ser parte de la vida, anhelando ver a las personas que lo amaban y estar con ellas, obtener fortaleza de sus vidas y hacer lo que mejor hacía: guiarlas. A veces, la parte más cruel de estar en la cárcel es soportar la soledad, el sentimiento de estar sin nadie en quien apoyarnos. Sin embargo, mientras estamos solos, Dios nos ofrece la oportunidad de descansar, de ordenar nuestros pensamientos y de aprender cómo vivir más íntimamente con Él. Antes que cualquier otra cosa, nuestra cárcel puede ser el lugar donde crecemos en amistad con Dios.

David escribió en los Salmos: "Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá en sus brazos" (Salmo 27:10). Los padres de David no lo abandonaron o rechazaron. David nos decía que incluso si su padre y su madre lo hubiesen abandonado, el Señor habría cuidado de él. Al igual que el salmista, cuando esté sentado en mi cárcel —aislado, solo, abandonado—, Dios cuidará de mí. Dios será mi consuelo y mi seguridad. Él me amará como solo Él puede hacerlo.

Peleamos contra el rechazo porque duele, no queremos hablar acerca de él. Pero muchas veces, ese momento en que somos rechazados, ese momento en que estamos aislados, es el momento en que Dios edifica algo dentro de nosotros que nunca habríamos obtenido si hubiésemos estado rodeados de otras personas. Cuando estamos solos con Dios fuera de la ciudad y nos sentimos desolados, inútiles y sin ningún propósito o importancia real, Él puede entrar y ser todo para nosotros. Uno de sus nombres hebreos, El Shaddai, nos recuerda que en nuestras limitaciones Dios puede mostrarse como el único que todo lo puede.

A veces aprendemos a amar más profundamente a Dios cuando perdemos cosas. Las actividades, las relaciones y las situaciones pueden entorpecer nuestro amor hacia Dios. A menudo no vemos ese obstáculo hasta que experimentamos la pérdida. Al arrancarnos lo que pensábamos que era nuestra identidad, nos preguntamos: "¿Acaso soy una causa perdida? ¿Ya se acabó todo?". No nos damos cuenta de que cuando "nuestro padre y nuestra madre" nos abandonen —cuando las personas que pensamos que nos guardaban, nos dejan; cuando aquello sobre lo que estábamos apoyados ya no nos sostiene; cuando lo que pensamos que nos daba propósito e identidad se va de nuestras vidas—, Dios mismo nos levantará. Dios va a utilizar nuestras limitaciones únicas, nuestra cárcel de diseñador, para abrir manantiales de intimidad con Él.

Abrazar el contentamiento
El apóstol Pablo explicó en una de sus cartas que luego de pedir a Dios tres veces que removiera su "aguijón en la carne", obtuvo la siguiente respuesta: "Bastate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad" (2 Corintios 12:7,9, RVR60).

La gracia que Dios le prometió a Pablo era más que solo un antídoto contra el dolor del aguijón en la carne. Esta gracia "le bastaba", que en el griego se refiere a abundancia; más que suficiente; no "bastante", que es la forma en que a veces leemos la palabra "suficiente". La gracia de Dios para Pablo era todo suficiente, al igual que el nombre de Dios, El Shaddai, el Todopoderoso, describe la naturaleza del ser de Dios. La gracia es más que un arreglo temporal o una fuerza para perseverar en un asunto. La gracia es una respuesta eterna a un montón de asuntos diferentes. Cuando pedimos a Dios ayuda en una limitación, sea que la quite o no, Él hace mucho más por nosotros. Esto significa que nuestra cárcel puede ser más que solo un plan para que Dios haga algo espectacular en un área de nuestras vidas; también se vuelve un plan para que Dios recorra las múltiples áreas de nuestras vidas y haga ajustes. ¡Esas son buenas noticias! Ahora sé por qué Pablo estaba contento. Escribió: "Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo" (2 Corintios 12:9). Esta no era una respuesta de Pablo para aguantarse su "aguijón". Él quería decir: "¡Guau! ¡Si esta gracia todo suficiente es lo que obtienes cuando estás débil y limitado, entonces déjenme estar débil y limitado!".

La cárcel puede ser en realidad una etapa liberadora de nuestro viaje. Una vez que nos calmamos después de las tormentas de frustración y nos adaptamos a la cárcel —al dejar que Dios crezca en nosotros, al dejar que nos ame, que aplique su gracia sobre nuestras vidas— realmente podemos estar expectantes por la gracia de Dios como lo hizo Pablo y podemos llegar a un lugar de contentamiento en el proceso. Pablo escribió: "Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento" (1 Timoteo 6:6, RVR60). El contentamiento no significa estar satisfecho con el statu quo o ignorar nuestro deseo de cambiar.

El contentamiento puede ser la preparación para el cambio. La piedad más el contentamiento nos hacen ganar impulso y nos mueven hacia la posición para la próxima etapa del viaje. No sé tú, ¡pero yo quiero estar en esa posición! Consideremos algunas formas en que podemos abrazar el contentamiento.

Salir de la negación
Una cosa que aprendí a hacer en medio de las circunstancias que me limitan es mirarlas fijamente a la cara y negarme a esconderme de situaciones peores. A veces no queremos mirar cuán malas son las cosas en realidad —o cuán malas podrían tornarse— porque al hacerlo el temor nos paraliza. En cambio, vivimos en la negación. Pero La Biblia dice: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio" (2 Timoteo 1:7, RVR60). El enemigo es el que nos mantiene atemorizados con los "y si…". Nos mantiene en la negación al hacernos rehenes de nuestros temores.

cespedNuestra parte, entonces, es negarnos a estar atados por los "y si…". ¿Y si pierdo mi casa? ¿Y si ellos recuperan la posesión de mi auto? Si el enemigo trata de tenerte como rehén de estas posibilidades, entonces voy a llevarlo allí y dar vuelta las preguntas. "Bien, ¿y si ellos recuperan la posesión de mi auto? Acaso si eso es lo peor que puede suceder, entonces Dios finalmente hará que tenga uno nuevo y mientras tanto se asegurará de que yo tenga un medio de transporte". Y: "Dios es mi proveedor. Él cuida de mí. Si pierdo mi casa, voy a encontrar algún otro lugar adonde ir".

Cuando salimos de la negación, cuando reconocemos situaciones peores y confrontamos nuestros temores, ponemos al diablo en evidencia. No puede tenernos como rehenes si ya no tenemos miedo. En este sentido, mientras que estamos sentados en la cárcel, en realidad somos libres. Encadenados a las limitaciones y a las circunstancias que nos restringen, somos libres en nuestro corazón y nuestra mente, y esta clase de libertad es parte del contentamiento. Miramos dónde nos encontramos y reconocemos: "Sí, este es el lugar donde me encuentro, pero aún sigo vivo. No estoy muerto. ¿Podría ser peor? Probablemente. Pero a esta altura, las cosas son como son. Lo veo. No trato de disfrazarlo o de cerrar los ojos. Y justo en medio de eso, confío en Dios. Él me ama. Él es mi amigo. Hace que eso obre para mi bien. Y no tengo temor".

Toma una decisión
El contentamiento, al igual que muchas otras cosas en nuestro caminar con Dios, es una decisión. Yo decido estar contento y yo le pido a Dios que me ayude a vivir parado en esa decisión. Jesús dijo: "¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?" (Mateo 6:27, RVR60). Si bien en realidad este versículo se refiere a nuestra incapacidad de preocuparnos por agregar días o alargar la vida —no centímetros a nuestra estatura—, con un metro y cincuenta y tres centímetros, aún me gusta la idea de aplicar el principio a mi estatura real. Me doy cuenta de que si tuviera elección, podría dejar que mi preocupación por mi estatura me robara el gozo y la autoestima. Pero debido a que no puedo crecer más, ¿por qué preocuparme entonces? En cierto punto, debo tomar la decisión de estar contento con mi estatura. Y lo he hecho. Hasta me da gracia hacer uso de mí mismo como objeto de lección cuando enseño. A menudo le comento a la audiencia: "En tu situación, ¿alguna vez te has sentido pequeño? Bueno, por momentos me levanté sintiéndome de esa forma cada día!".

Las limitaciones pueden hacernos sentir pequeños, insignificantes y arrebatar nuestra dignidad. Pero una vez que entendemos que somos importantes para Dios, que fuimos creados para Él y que aun nuestras limitaciones son siervas de Dios —al hacernos mejores, al acercarnos a Él, y en cuanto nos damos cuenta de que nuestra importancia no está atada a las circunstancias que nos limitan, sino atada a Dios—, entonces, con entendimiento, fe y esperanza podemos decidir estar contentos. Podemos confiar en que Dios obtiene el mayor provecho de las limitaciones que parecen permanentes y Él nos libera, si ese es su plan, de aquellas que no lo son.

Bienvenida gratificación retrasada
El retraso no significa que la respuesta de Dios sea "no". Solo porque Dios retiene algo durante un tiempo no significa que lo va a retener por siempre. Aprender a esperar es una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar en la cárcel. Así como puedo elegir el contentamiento, puedo elegir esperar expectante las cosas mayores que Dios tiene guardadas para mí en el trayecto. En el caso de nuestro ministerio, en relación al decidir construir una escuela en nuestra propiedad, elegimos esperar que Dios proveyera el edificio de la iglesia en un futuro. Ten en cuenta que esperamos de forma activa. Recibimos el tiempo de Dios para la iglesia, pero utilizamos lo que ya teníamos en nuestras manos —una propiedad— y continuamos funcionando fielmente como congregación en nuestro edificio alquilado.

La espera activa es lo que describió Isaías cuando escribió: "Pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas" (Isaías 40:31). Aquí esperar se parece mucho a lo que hace un camarero o un mozo en un restaurante. Habla de una espera activa y vibrante, una espera que puede involucrar servir y dar. Al darle la bienvenida a las gratificaciones retrasadas y esperar con fe que Dios levante nuestras limitaciones, hacemos uso de las cosas que Dios ya nos ha dado. Lo servimos, como un "camarero", anticipando sus deseos antes de que nos los diga. Esta es una espera en fe. Anticipa, desea, espera. El contentamiento viene con esta clase de espera, porque al hacerlo, descansamos en que los planes de Dios se van a cumplir en su tiempo, que siempre es perfecto.

Cree en el poder de los planes de Dios
Darle la bienvenida a las gratificaciones retrasadas se torna un poco más fácil cuando abrazamos el poder de los planes de Dios para nuestras vidas. Tal vez no los entendamos, quizá solo podemos echar algún vistazo a lo que quiere lograr a través de nuestras vidas en nuestro viaje con Él. Pero cuando entendemos el poder de tener un propósito en Dios —cuando consideramos que Dios nos creó porque quiere hablar con nosotros y mostrar más de Él al mundo a través de nuestra vida—, entonces esperar nos da un poquito menos de nervios, un poquito menos de presión.

Edificamos contentamiento en nuestros corazones cuando recordamos que existe un escenario grande —un camino de vida— y que la cárcel es tan solo una parte del trayecto. Aunque no veamos cómo nuestro quebrantamiento, nuestro dolor o la circunstancia que nos limita pueda encajar en los buenos planes, Dios ve nuestro final desde el principio (Isaías 46:10). Jesús dijo: "No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí" (Juan 14:1). Colocar nuestro corazón en Dios y confiar en que Él cumplirá sus planes, tan solo estar con Él, el Todopoderoso, el Dios que ve todo, trae consuelo y descanso.

Ir a la luz
Vivir en el próximo nivel es una enriquecedora experiencia topográfica.

Así como los israelitas descubrieron que la Tierra Prometida era verdadera, nuestro viaje de amistad con Dios incluye montañas y valles, planicies fértiles y lugares desérticos. Hasta ahora, nos hemos enfocado en lo que parecen ser los lugares desérticos y los valles. ¿Pero qué hay acerca de las montañas y las planicies fértiles? Ansiamos todo esto: el cambio, las cosas buenas y los tiempos fructíferos. ¿Acaso no es esto a lo que nos referimos cuando decimos que queremos "ver algo"en la vida?

A menudo, para protegernos de la decepción, abandonamos nuestra esperanza de experimentar alguna vez las alturas. Nos conformamos con solo una experiencia de cambio interno en nuestro corazón, en nuestra mente y nuestro carácter, y renunciamos a la esperanza de ver que las cosas cambien exteriormente. Y también el cambio externo es parte del viaje. Así como hay períodos de limitaciones —épocas de cárceles, de zanjas y de callejones sin salida—, también hay períodos de liberación. Podemos aprender a practicar el contentamiento en nuestra celda, aprender a amar a Dios más profundamente y a descansar en su amor; pero también debemos recordar que no necesariamente cumplimos cadena perpetua. Dios puede liberarnos de las limitaciones en el momento en que Él esté listo, pero si no tenemos cuidado, llegaremos al momento "ahora de Dios" sin estar preparados.

Como acabamos de ver acerca de Pedro, cuando Dios dice "ahora", quiere decir "ahora". En un momento determinado, Dios va a hacer que una luz alumbre en medio de la oscuridad de nuestra celda y nos dirá que nos levantemos. Necesitamos estar listos para ese momento para no andar a tientas confundidos cuando la luz se encienda; confundidos porque nos hemos resignado a las desilusiones de la cárcel, a las limitaciones, al desierto y al valle, y nos hemos olvidado de que este tramo del trayecto es justamente eso, un tramo del trayecto, solo temporario.

Practicar el contentamiento es una manera en la que nos preparamos para la luz. Otra forma es ir hacia la luz que tenemos disponible justo aquí en nuestra celda. Me refiero a la luz de La Palabra de Dios. David escribió: "Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero" (Salmo 119:105). Leer La Palabra y buscar a Dios para entender nuestro camino puede ser una nueva experiencia para ti, pero esta es la clase de luz que debe entrar en tu corazón para poder salir al próximo nivel. Tu liberación no va a suceder por pensar positivamente. En esta etapa del viaje debemos entender lo que dice La Palabra de Dios para poder ponernos de acuerdo con ella como preparación para nuestra liberación.

¿Por qué no intentas ir a La Palabra ahora? Puedes descubrir que es un desafío entenderla. Tal vez te ayude mirar algunos versículos juntos como una práctica. Uno de mis libros favoritos de La Biblia es el libro de los Salmos. En ellos podemos encontrar expresada la emoción misma del corazón. Los Salmos —o canciones— son terrenales y reales. No presentan una panacea de la lucha humana. Revelan temas reales y desafíos que enfrentaron varios escritores, incluyendo a David. Los escritores hacen preguntas que podemos entender como: "¿Por qué los malvados prosperan? ¿Por qué pareciera que siempre salen impunes?". Lejos de disgustarse con estos escritores por ser honestos, Dios les responde. Cuando leo los Salmos, yo también me siento liberado para expresarme con honestidad ante Dios.

Entonces, ¿qué hizo uno de los salmistas cuando quedó atascado en un lugar de limitación, peleando con el desánimo, luchando para mantenerse fuera de la frustración y renovado en esperanza? ¿Cómo hizo para adueñarse del contentamiento? Vayamos al Salmo 42.

Comienza de la siguiente manera: "Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser" (v. 1). Aquí encontramos al salmista que expresa su primer anhelo: su deseo por Dios. El ciervo no solo está sediento; sino que no puede vivir sin agua. Para nosotros, la experiencia en la cárcel a menudo es lo que revela nuestra sed más profunda, una sed de intimidad con Dios. Muchas veces, la frustración que experimentamos mientras caminamos a través de las limitaciones es un indicio de nuestro anhelo por Él. Justo desde el comienzo, el salmista identifica lo esencial, su necesidad de Dios —su corazón de amistad con Dios— y lo expresa.

Luego leemos: "Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: ‘¿Dónde está tu Dios?’" (v. 3). Aquí, el escritor no acepta vivir en la negación. Las cosas están mal. Llora día y noche. Sus enemigos lo hostigan, se burlan de su relación con Dios, quien no parece venir a su rescate; y el salmista lo dice. No tiene temor de identificar lo que Dios ya sabe que está en su contra.

Unos pocos versículos después, el escritor toma una decisión: "En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!" (v. 5). ¿Acaso ves cómo el viaje emocional del escritor en los Salmos aproxima su rastro a nuestros pasos para abrazar el contentamiento? Miramos a nuestras limitaciones a la cara. Reconocemos lo malas que son, no aceptamos vivir en negación. Entonces, tomamos una decisión: "poner nuestra esperanza en Dios".

"Y todavía lo alabaré" se refiere a la gratificación atrasada. El salmista dice: "El tiempo llega. Quizá no suceda para mí ahora mismo, pero llegará el día en que esté completamente recuperado y las cosas buenas me van a suceder nuevamente". Escribe: "... mi Dios, pienso en ti desde la tierra del Jordán" (v. 6).

Aquí, algunos creen que el salmista mira hacia atrás, a algún momento en que Dios lo liberó, parándose sobre ese recuerdo como prueba de que hay esperanza en el futuro. Él pone en práctica un corazón de gratitud a Dios, al darle gracias por lo que Dios ya ha hecho como una manera de alentarse a sí mismo. Esta acción del corazón del salmista habla de su fe en el poder de los planes de Dios para él. El escritor afirma que Dios puede hacer de nuevo lo que ya hizo antes.

Al final llega el estribillo del salmista —su decisión— declarada más fuertemente, como de un corazón lleno de aliento: "En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!" (v. 11). Mirar ese salmo anima mi corazón. Al reconocer la desesperación por su propia cárcel, el salmista literalmente camina, paso a paso, hacia la determinación de confiar en Dios y de esperar ser liberado de las limitaciones. Él mismo se preparó para el cambio. Podemos hacer lo mismo al caminar a través de La Palabra de Dios. Podemos tener ánimo y atrevernos, al igual que el salmista, a volver a tener esperanza.
Vida en el proximo nivel
Podemos acercarnos a la luz de La Palabra, anticiparnos a la luz del "ahora" de Dios en nuestro viaje al próximo nivel. Porque el tiempo de la luz está al alcance. Y debemos tener nuestro corazón preparado.

Tomado del libro: Viva en el próximo nivel de Editorial Peniel

B. Courtney McBath


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Renovar la pasión
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Embarcados hacia algo más
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El Evangelio se hizo carne

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