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Vida Cristiana
 
Aprendamos a establecer relaciones con las personas
Jul | 2011 (GMT-3)

Si bien las relaciones humanas no representan un tema de vida o muerte, con seguridad garantizarán cuán exitosos seremos a lo largo de nuestras vidas. Claves para alcanzar la plenitud de vida.
John C. Maxwell
John C. Maxwell

Si no nos comunicamos de manera eficaz, no podemos triunfar en la vida. Trabajar duro no es suficiente, tampoco lo es ser excelentes en lo que hacemos. Para ser exitoso, debes aprender a establecer una verdadera comunicación con los demás.

¿Alguna vez esperaste que tu jefe comprendiese cuánto valor agregas a la compañía para que te diera un merecido aumento o ascenso? Si tienes hijos, ¿alguna vez deseaste que te escucharan para poder ayudarlos a tomar buenas decisiones? ¿Alguna vez quisiste mejorar tu relación con un amigo o ejercer una influencia positiva en tu comunidad? Si no hallas la manera de comunicarte con eficacia, no podrás desarrollar todo tu potencial, no triunfarás de la forma en que lo deseas, y siempre te sentirás frustrado.

¿Cuál es el secreto? ¡Establecer relaciones con las personas! Después de más de cuarenta años de matrimonio, una larga y exitosa carrera de orador, décadas de trabajo como líder de organizaciones y vasta experiencia en la formación de muchas personas, puedo asegurarte de que si deseas tener éxito, debes aprender a relacionarte con los demás.

Cada vez estoy más convencido de que para tener una buena comunicación es necesario establecer una relación con el interlocutor. Si puedes interaccionar con los demás en todas las situaciones comunicativas, ya sea con un solo individuo, con grupos o con un auditorio, tus relaciones serán más sólidas, te sentirás más integrado a la comunidad, aumentará tu capacidad para promover el trabajo en equipo, se incrementará tu influencia y se disparará tu productividad.

¿A qué me refiero cuando hablo de "relacionarse"? Es la aptitud de identificarse y establecer lazos con las personas de modo tal que aumente la influencia que se tiene sobre ellas. ¿Por qué es importante esto? Porque la habilidad para comunicarse e interaccionar con los demás es un factor esencial y determinante para alcanzar nuestro máximo potencial. Para tener éxito, debes trabajar con otras personas, y para hacerlo de la mejor manera posible debes aprender a relacionarte con ellas.

¿Cuánto más sanas serían tus relaciones si tu capacidad para establecer lazos con los demás fuera excelente? ¿Cómo mejorarían tu matrimonio y tu vida familiar? ¿Cuánto más felices serían tus relaciones de amistad? ¿Cuánto mejor te llevarías con tus vecinos si fueras capaz de interaccionar con ellos? ¡Sí, aprender a relacionarte mejor con los demás, cambiará tu vida!

El deseo
Estoy convencido de que casi todo el mundo puede aprender a establecer vínculos con los demás. ¿Por qué? Porque yo mismo aprendí cómo hacerlo. Relacionarme con los demás no era algo que me saliera de manera natural. De niño, deseaba comunicarme con mis padres, no solo porque los quería, sino porque sospechaba que, si tenía una buena comunicación con mi madre, quizá me salvaría de alguna zurra cuando me portase mal.

También aprendí que el humor podía resultar muy útil a la hora de relacionarme con alguien. Recuerdo que en una ocasión, Larry, mi hermano mayor, y yo, nos metimos en problemas, y la risa me salvó. A menudo, cuando nos castigaban, nos hacían inclinar sobre una silla. Luego mi mamá nos daba un par de "chirlos en la cola" con una espátula de cocina. Como Larry era el mayor, solía tocarle primero; en una ocasión, cuando mi mamá le asestó el primer golpe, se oyó un sonoro pum y del trasero de Larry salió una nube de polvo. ¿Cuál es la explicación? Larry tenía un rollo de municiones para la pistola de juguete en el bolsillo trasero. Mi mamá pegó un alarido. ¡Todos terminamos riendo y lo mejor del asunto fue que ese día no me castigaron! Durante tres semanas llevé municiones de juguete en los bolsillos traseros, por si acaso.

Cuando fui un poco mayor y comencé a ir al colegio, me di cuenta de que algunos niños se relacionaban con los maestros mientras que yo no lo hacía. En primer grado, la alumna que se relacionaba con los profesores era Diana. En segundo grado era Elaine, y en tercero, Jeff. Yo notaba que los maestros los adoraban; quería que mis maestros me adorasen a mí también y comencé a preguntarme qué es lo que hacían mis compañeros que yo no hacía.

Durante los primeros años de secundaria sucedió lo mismo. Cuando me probaron para el equipo de básquetbol logré entrar, aunque no pude comenzar a jugar a pesar de que yo era mejor que dos de los otros jugadores novatos. Sentía que había una barrera invisible que me impedía llegar a donde me proponía. Me sentía frustrado. Me preguntaba por qué esos estudiantes le agradaban al entrenador Neff más que yo, y descubrí que habían establecido una interacción con el entrenador el año anterior, cosa que yo no había hecho. Lo que me impedía avanzar era mi falta de relación.

¿Alguna vez experimentaste algo similar? Quizás eres la persona más talentosa en tu trabajo y, sin embargo, no logras que te asignen ese proyecto que deseas. Tal vez te esfuerzas y eres productivo, mas parecería que los demás no valoran lo que haces. Quizás deseas entablar relaciones con las personas que te rodean pero, al parecer, no te escuchan del mismo modo en que escuchan a otros.

amigoPuede que desees formar un grupo de trabajo eficaz, o simplemente ser parte de un buen equipo, no obstante, te sientes excluido. ¿Cuál es el problema? La relación. Para tener éxito con los demás, debes ser capaz de relacionarte con ellos.

Para el momento en el que ingresé a la universidad, ya era muy consciente de la importancia de relacionarse con las personas. Sabía que eso marcaba la diferencia entre el éxito y el fracaso. Noté que quienes creaban lazos con los demás tenías mejores relaciones, padecían menos conflictos y obtenían más logros que aquellos que no lo hacían. ¿Alguna vez oíste hablar de esas personas cuyas vidas parecen "tocadas por una varita mágica"? Por lo general, son las que aprendieron a establecer relaciones con los demás. Cuando interaccionas con otros, accedes a un lugar que te permite aprovechar al máximo tus aptitudes y tus talentos.

Cuando no lo haces, debes vencer muchos obstáculos solo para llegar a un lugar promedio, un punto de partida neutral.

Yo partía de una posición de desventaja. Durante mis años de universidad y el comienzo de mi vida profesional, era muy ambicioso y tenía objetivos definidos, pero mi incapacidad para relacionarme con los demás era un obstáculo que me impedía alcanzar el éxito.

Valor para cambiar
¿Conoces la Oración de la Serenidad que se hizo famosa gracias al teólogo Reinhold Niebuhr y que fue adoptada por muchos programas de recuperación de doce pasos? Dice así: "Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar aquellas que sí puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia".

Esta plegaria describe cómo me sentí cuando me di cuenta de mi incapacidad para relacionarme con los demás. Sentía que estaba atascado entre mi sensación de insuficiencia y mi deseo de cambiar. Lo que necesitaba era "reconocer la diferencia" entre lo que podía y lo que no podía mejorar. No bastaba con reconocer que no podía lograrlo; si no podía modificar y mejorar en esta área fundamental de mi vida, el éxito me estaría vedado por siempre. Quería ser capaz de relacionarme todo el tiempo, no solo de forma ocasional y al azar.

Por esa época, evalué mis habilidades a la hora de comunicarme y descubrí lo siguiente:

Había cosas que podía cambiar, pero no sabía cómo hacerlo: me daba cuenta de que no creaba lazos con los demás, mas no comprendía por qué no lograba hacerlo ni sabía cómo solucionarlo. Deseaba que alguna persona de mi entorno pudiese ayudarme; sin embargo, aquellos a los que podía recurrir tampoco se relacionan con el prójimo. Lo bueno de esa época fue que me sirvió para comenzar a pensar en cómo resolver el problema.

Mi incapacidad para sobrellevar los problemas era superior a mi capacidad para establecer relaciones: ¿qué haces cuando fracasas o cuando te sientes frustrado? La mayoría de las personas se desmorona, sobrelleva la situación o cambia. Por suerte, tuve una buena crianza, tengo una imagen positiva de mí mismo y una actitud favorable. Esto me permitía sobrellevar las situaciones. Por desgracia, sobrellevar no significa avanzar, sino que es una actitud de naturaleza estática y defensiva, es una reacción. Con el solo hecho de sobrellevar un problema no se logra nada; es una postura que simplemente sirve para mantenerse a flote. Lo que yo quería era cambiar.

Para comunicarte de manera eficaz, debes tomar la delantera. Debes tener iniciativa. Debes hacer algo más que simplemente sobrellevar la situación. Esto es algo de lo que tomé conciencia. Si quería avanzar, liderar a otros y estar al frente de una organización exitosa, debía hacer algo más que solo sobrellevar los problemas: necesitaba ser capaz de relacionarme con la gente.

Deseaba distinguirme, no solo saber que existía una diferencia: hay momentos en la vida en los que nos damos cuenta de que hay cosas que no podemos hacer. En esos momentos, debemos decidir entre aceptarlo o luchar. ¿Por qué? Porque quería marcar una diferencia en la vida de los demás, y sabía que si no aprendía a relacionarme con otras personas mi capacidad siempre sería limitada. No tenía intención de convivir con mis defectos, quería hacer algo al respecto.

Necesitaba algo más que valor para cambiar las cosas: necesitaba habilidad para relacionarme: a decir verdad, la Oración de la Serenidad era un poco pasiva para un líder como yo, que por naturaleza tiene iniciativa. Quería algo más que el simple valor para reconocer y aceptar la diferencia entre lo que podía y no podía cambiar. Deseaba tener el valor, la energía y la capacidad para realizar los cambios necesarios para convertirme en quien deseaba ser: alguien capaz de establecer buenas relaciones para así ejercer una influencia positiva en la vida de otros. Quería aprender a relacionarme con cualquier persona en cualquier momento.

La verdadera solución
Sean cuales fueren tus objetivos, relacionarte con la gente puede ayudarte. Si no lo puedes hacer, te costará caro. Por supuesto, aprender a lograrlo y comunicarte de forma eficaz tiene otras ventajas, como bien lo ilustra una historia cómica que me envió un amigo sobre Jorge Rodríguez, un asaltante de bancos del viejo oeste que provenía de México y operaba en la frontera con Texas alrededor de 1900. A Rodríguez le iba tan bien que los "Texas Rangers", el cuerpo policial de Texas, crearon una fuerza especial para detenerlo.

Un atardecer, un policía vio que Rodríguez cruzaba la frontera a hurtadillas para regresar a México, entonces lo siguió a una distancia prudencial. Observó cómo el bandido volvía a su pueblo y se mezclaba con las personas que había en la plaza. Cuando Rodríguez se dirigió a su cantina preferida a descansar, el policía entró y logró acorralarlo.

El representante de la ley le apuntó a la cabeza y dijo: "Jorge Rodríguez, sé quién eres. Vine a recuperar todo el dinero que robaste a los bancos de Texas. Si no me lo entregas, te volaré los sesos".

Rodríguez vio la placa del hombre y percibió sus intenciones hostiles, pero había un problema: no hablaba inglés. Comenzó a hablar en castellano rápidamente; sin embargo, el policía no comprendía lo que Rodríguez le decía porque él, a su vez, no hablaba el idioma de su interlocutor.

En ese momento, llegó un muchachito y dijo en inglés: "Yo puedo ayudarlo, hablo inglés y castellano. ¿Quiere que sea su traductor?"

El policía asintió. El muchachito explicó rápidamente a Rodríguez lo que había dicho el oficial.

Muy nervioso, Rodríguez contestó: "Dile al policía que no gasté ni un centavo de ese dinero. Que vaya al pozo del pueblo, que mire hacia el norte y que cuente cinco piedras; allí encontrará una roca suelta. Que la corra de lugar, todo el dinero está allí. Por favor, díselo rápido".

El muchacho miró al policía y afirmó: "Señor, Jorge Rodríguez es un hombre valiente; dice que está listo para morir".

El poder de las relacionesEs verdad, probablemente la historia no sea tan cierta como graciosa, pero tiene una moraleja. Si bien interaccionar con los demás quizá no sea un asunto de vida o muerte para la mayoría de nosotros, nuestro éxito o nuestro fracaso a menudo dependen de esa capacidad. Creo que cuanto más maduramos, más conscientes somos de lo importante que es relacionarnos con los demás. La relación es la base del movimiento de las redes sociales de Internet, por ejemplo. Los individuos ansían entrar en contacto con otros, y la mayoría hace todo lo posible por sentirse conectado.

Tomado del libro: El poder de las relaciones de Grupo Nelson

John C. Maxwell


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