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Vida Cristiana
 
Vida en Cristo o religión
Jun | 2008 (GMT-3)

El espíritu de religión busca mantener estancados a los creyentes y a la Iglesia. Solo cuando reconozcamos las características de esta falsa religión podremos experimentar la obra del Espíritu Santo en nosotros.

Peter Wagner
Peter Wagner
Cuando inicié el octavo grado de la escuela católica, verdaderamente tenía hambre de Dios. Luego de escuchar los Diez Mandamientos y todos los requisitos para practicar la misa, establecí en mi corazón y en mi mente las normas, qué hacer y qué no hacer. Supuse que si era la manera de agradar a Dios, entonces eso sería lo que perseguiría con todas mis fuerzas juveniles.

Sin embargo, al poco tiempo de tomar mi primera comunión, en los años de devoción a la “religión”, la presencia del Señor parecía haberse alejado de mí. El verdadero Dios que anhelaba conocer se veía siempre más lejos, parecía que intensificar mi dedicación era el único remedio.

Sonaba atrayente ser un monaguillo. Aun más, consideré durante el séptimo y octavo grado los seminarios católicos con la esperanza de que el sacerdocio pudiera ser el lugar para encontrar a Dios, pero fue en vano. ¿Dónde estaba Dios? En la graduación decidí que no había realidad en la “religión”; además, mi experiencia con los bautistas me dejó pensando si habría algo más que aquello que los católicos decían.
Mi conocimiento del “sacerdocio” durante mis años escolares me dejó un sabor amargo. El espíritu de la religión adormeció el sentir la presencia de Dios en mi vida, y anuló su Palabra en mí. ¿Esto le sorprende? No debería, ya que es exactamente lo que Jesús dijo que este espíritu haría.

Jesús reprendió a los líderes religiosos de su tiempo, diciéndoles que no podían discernir cuando Dios estaba presente, ¡ni siquiera cuando estaba presente en carne! (ver Juan 8). ¿Qué fue lo que el Señor discernió sobre el pasado religioso de los fariseos que los había hecho tan insensibles a la presencia de Dios? De todas las sectas religiosas de su tiempo, Jesús probablemente se alinearía más con las enseñanzas de los fariseos; pero aun así, sus más duras reprensiones estuvieron dirigidas a ellos. ¿Por qué? No había nada errado en lo que ellos decían, sino que el problema era lo que hacían (Mateo 23:3).

Había algo en el espíritu que estaba detrás de sus palabras y de sus obras, que los convertía en detestables, especialmente para Dios. Profesaban conocerlo, pero sus obras lo negaban (ver Tito 1:6). Como muchas de las personas religiosas, sus palabras parecen correctas, pero no tienen el espíritu correcto. ¿Podría ser que esto haya sido causado por un espíritu demoníaco?
A fin de que no maldigamos toda la “religión”, debemos aclarar que la religión puede ser una iniciativa humana, y algo de ella puede ser bueno: “Conservarse limpio de la corrupción del mundo” (Santiago 1:27). Pero a pesar de ser una iniciativa humana, solo es posible por la gracia divina.

Sin embargo, a los ojos de Dios, la religión puede ser “Pura y sin mancha” (Santiago 1:27). Por lo tanto, también puede ser posible que la religión sea impura y contaminada. Una fuente que contamina la religión es un espíritu demoníaco de religiosidad. Esto parece ser lo que Jesús discernió cuando estaba con los fariseos.

Crucifijo¿Cómo un espíritu religioso obtiene derecho legal sobre su vida? La iniciativa humana encuentra su camino en la estructura de una sociedad, y se convierte en una tradición que pasa a usted. Pero el origen es humano y se llama, justamente, tradición de los hombres. Cuando el statu quo exalta dicha tradición por encima de los mandamientos de Dios, debe quitarse. Pero el statu quo tarda en desaparecer cuando una persona individualmente elige hacer de las tradiciones de los hombres su prioridad.

Así el espíritu religioso ha encontrado un derecho legal y puede demonizar el alma de esa persona. Los demonios encuentran acceso mediante todas las obras de la carne, y la religión a veces puede que sea una simple obra carnal, si no está fundamentada en una relación con Dios.

Jesús dijo que si una persona religiosa decide mantener las tradiciones hechas por los hombres, se convierte en un acto de descuido del mandamiento de Dios (Marcos 7:8, versión en inglés NASB). La palabra griega descuido es la misma que Pablo usa para hablar de un hombre que se divorcia de su esposa (1 Corintios 7:11-12). En otras palabras, cuando se elige la tradición de los hombres como una prioridad máxima se termina divorciando de La Palabra de Dios. Esto le da territorio al espíritu religioso.

El espíritu religioso provoca que una persona dé más atención a la aplicación que al principio mismo. Ambos son importantes, pero la provisión más importante de la ley de Dios –los principios– debe tener prioridad (Mateo 23:23). Un espíritu religioso mueve a una persona de los fundamentos, y el enfoque se centra en otra cosa. Los fundamentos se destiñen entre los ritos externos y el pasado.

Jesús caracterizó el derivado del espíritu religioso como un rito sin relación. El rito externo es hueco sin relación interna con Dios. De acuerdo con Jesús, este es el verdadero significado de la palabra hipócrita. Los hipócritas no son lo mismo por dentro que lo que muestran por fuera. ¡Esta es otra manifestación del espíritu religioso! La gente que se rinde a él, con frecuencia tiene falta de integridad. Así llamó Jesús a los fariseos, señalando lo que Isaías había profetizado a los de su clase setecientos años antes.

Pero hay una buena noticia: ¡se puede ser libre del espíritu religioso!
Para eso debe renunciar a la alianza con este tipo de religión, debe arrepentirse para siempre de intentar calmar a Dios con ritos externos, creyendo que está pagando por pecados y que Él le permitirá hacer sus propios deseos. ¡No! En vez, deberá dejar de ser su propio señor, para permitir a Cristo ser su Señor.
Pero luego debe hacer un pacto de obediencia, por gracia, a La Palabra de Dios como su autoridad final. Renuncie a cualquier tradición de los hombres que se levante en su contra.

Finalmente, deseche el acuerdo que hizo con ese demonio, que llamamos espíritu de religión, el cual ha ganado espacio legal mediante su pecado de exaltar las tradiciones de los hombres por encima de Dios y de su Palabra.

Tomado del libro: Cómo ser libre del espíritu religioso Editorial Peniel

Peter Wagner


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