¿Por qué Dios permite que sus hijos pasen por las pruebas? A veces los hijos de Dios atraviesan pruebas y tribulaciones para que salgan de ellas no niños, sino hombres victoriosos llenos de su presencia.
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| Luis Palau |
Norman Grubb, un escritor a quien respeto muchísimo, dice en uno de sus libros que todos los personajes bíblicos en algún momento de sus vidas tuvieron que ser probados por el Señor. Una vez que la persona pasaba la prueba en cada una de esas áreas, entonces estaba realmente lista para ser un poderoso instrumento de Dios.
José fue probado y triunfó. Venció la tentación con el poder de la presencia de Dios en él. Cuando la esposa de su amo se entregó a él e hizo tan fácil las circunstancias para que cometiese inmoralidad, José pudo decir NO al pecado. Venció porque Dios estaba con él y todo el poder de Dios obró en su vida.
Luego vemos que José es sometido a prueba tanto en su fe como en su alma. Su intelecto, sus emociones y su voluntad tenían que pasar por la prueba. Iba a ser usado por Dios para impartir “ríos de bendiciones” sobre el pueblo de Israel, sobre Egipto y sobre el mundo entero. Cuando Dios eligió a José tenía un plan de alcance mundial, pero antes de usar a José debía probarlo, de manera que su fe se hiciera más sólida.
Todos nosotros tenemos que atravesar por pruebas que Dios nos envía. No nos gusta. No creo que a un ser humano normal le agrade pasar por pruebas. La Biblia declara: “Ninguna disciplina parece al presente ser causa de gozo, sino de tristeza, pero después da fruto” (Hebreos 12:11). No hay alternativas. El Señor debe ponernos a prueba. Años más tarde, al meditar en lo ocurrido en nuestras vidas, podremos contar maravillosas experiencias de las grandes obras de Dios a nuestro favor. Pero mientras estamos siendo probados, se nos hace difícil. Le sucedió hasta al mismo Jesús. ¡Aun Jesús, el Hijo de Dios, tuvo que aprender por experiencia lo que es obedecer cuando la obediencia implica sufrimiento! (ver Hebreos 5:8)
La esposa del amo de José se convirtió en su enemiga ya que se sintió insultada por José cuando este la rechazó. Ella decidió tomar venganza y el joven José terminó en la cárcel. Pero La Palabra de Dios dice que el Señor prosperaba a José hasta en la cárcel. ¿No es maravilloso?
Dios le hizo increíbles revelaciones, le dio responsabilidades fuera de lo común, y luego permitió que pasara por pruebas tremendas. Todo comenzó con los sueños de gloria y poderío; pero inmediatamente fue vendido como esclavo. ¡Qué contraste! Ahora venció la tentación en el poder de Dios, y ¿cuál fue el resultado? Una prisión olorosa e inmunda.
A este joven le debe de haber resultado terriblemente difícil entender lo que Dios estaba tratando de hacer en su vida. A veces los hijos de Dios atraviesan pruebas y tribulaciones. Y tal vez se sientan tentados a decir: “Si soy uno de los elegidos… ¿cómo sería entonces si no lo fuera? ¿Por qué tengo que atravesar por todo esto?”
Ahora bien, mientras gozamos de buena salud y todo va bien, no se nos ocurre pensar tal cosa. Pero cuando debemos enfrentar la muerte o una grave enfermedad en nosotros o nuestros seres queridos, o cuando quedamos en bancarrota, pareciera que de inmediato perdiéramos el gozo. Olvidamos las promesas y enseguida miramos al cielo y preguntamos: “¿Y, Señor? ¿Qué ha sucedido con todas tus promesas?”
No debemos olvidar los atributos de Dios. Él es un Dios que está en control del universo. Dios gobierna el mundo. A veces no lo pareciera, pero es un hecho. Y cuando prevalecen las guerras y la persecución, tal vez nos preguntamos si Dios sigue siendo soberano. Tengamos la seguridad de que Él está en control de las cosas. No hay fuerza opositora que pueda interponerse con los planes divinos. Él es supremo y nada ni nadie puede contra Él.
La envidia, el odio, el exilio y la esclavitud solo contribuyeron a que se cumpliesen los propósitos de Dios en la vida de José. Los hermanos de José pensaron: “Sí, acá viene el soñador. Librémonos de él y veamos qué pasa con sus sueños de grandeza”.
En sus mentes carnales dijeron: “Vamos a destruir los planes que Dios tiene para él”.
La esclavitud llevó a José un paso más cerca del trono de Egipto. Fue una extraña manera de llegar a la eminencia, pero fue el plan de Dios para José. El Señor tenía un propósito, una experiencia inigualable.
Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. El Señor tiene un lugar y una tarea especial para cada uno de nosotros. Cuando descubrimos cuál es ese lugar y cuál la tarea, Él empieza a obrar a través de nosotros.
José tuvo grandes sueños que el Señor le dio, no sueños carnales sino dados por el Señor. Sin embargo, Dios lo envió en esclavitud. Seguramente fue difícil para José aceptar las circunstancias. Pero el Señor estaba con él; José se humilló ante Dios y a su debido tiempo fue exaltado por Él.
Tal vez hace tiempo el Señor te haya dado una visión, y no obstante pareciera que esa visión nunca ha de cristalizarse. Tal vez José se repitiera lo mismo vez tras vez. Fueron largos meses en la cárcel. El tiempo pasaba y nada sucedía. La tentación hubiera sido decir: “Señor, ¿qué es lo que pasa? Mis hermanos me odian. Me vendieron como esclavo. ¿Y los sueños? ¿Fueron simplemente promesas que me imaginé?”
Sin embargo, Dios gobierna el mundo. Dios es supremo y acerca de Él se ha dicho “La inútil furia de los hombres será para gloria tuya” (Salmo 76:10, BD). Dios puede utilizar todo para cumplir su voluntad, aun a nuestros enemigos y a las situaciones que parecieran estar en contra de los designios divinos.
Pero qué confusión para José. Seguramente fue muy duro para él, y también para nosotros nos resulta difícil cuando las cosas no van como creemos que debieran ir. Pero así como el Señor estuvo en todo con José dándole ánimo, está con cada uno de nosotros.
José pasó por problemas, tribulaciones y angustias, pero venció. El Señor lo sacó súbitamente de la cárcel, y en unos pocos días estuvo al lado del mismo Faraón. Era el héroe nacional.
¿Por qué? Porque estaba unido al yugo del Dios viviente.
No importa la dificultad ni el problema que enfrentes, el gran secreto de la victoria es sencillo: humillarse “bajo la poderosa mano de Dios”. De esta manera, “Él a su debido tiempo los ensalzará” (1 Pedro 5:6, BD).
Tomado del libro: A su manera de Editorial Unilit