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¡Nevó! Contra todo Pronóstico
Jul | 2007 (GMT-3)
Inviernos cada vez más cálidos, menos nieve en las montañas y derretimiento de los glaciares es el pronóstico de los científicos cuando hablan del calentamiento global.
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| Laura Bermúdez | Sin embargo, contra todo vaticinio, el 9 de Julio en Buenos Aires nevó. También en otras provincias y ciudades donde hace muchísimo tiempo que no se cubría la tierra con la fría lluvia blanca. Lo disfrutamos ¿verdad? Por supuesto, también agradecimos a Dios por tener casas con estufas y bien cerradas para refugiarnos, luego de sacar fotos y saludar a los amigos y vecinos. Otros la pasaron peor. Pero me llamó la atención el comentario de los periodistas en la televisión: “Este es un fenómeno que no veremos por otros ochenta y nueve años”, decían. Y ahí me pregunté: ¿Por qué no? ¿Tan seguros están que ese es el plazo para volver a tener nieve en la puerta de nuestras casas? ¿Quiénes pueden afirmarlo? Y otra cuestión: ¿No era que nuestros inviernos iban a ser cada vez más cálidos?
Los especialistas dan explicaciones sobre el suceso indicando que es un fenómeno aislado debido a una masa de aire polar que subió desde la Antártida, el que, combinado con otras condiciones climáticas produjeron la nevada. Pensando en este desacuerdo entre los pronósticos de la ciencia y la realidad de nuestro invierno 2007, recordé el versículo que dice: “¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?” (1 Corintios 1:20) y los de Isaías 44:24-25 “Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo; que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su sabiduría”.
Los hombres, alejados de Dios, pusieron durante mucho tiempo su confianza en la ciencia. Ella daría respuesta a todas sus preguntas y solucionaría sus problemas. Sin embargo, hace unos años ya han descubierto que no es tan así. La ciencia sabe, pero no tiene todas las respuestas. Muchas veces explica los fenómenos una vez que sucedieron, pero no puede anticiparlos. Es que la naturaleza aún es algo impredecible, gobernada por leyes que están más allá de la administración humana. Un meteorólogo, al explicar sobre el fenómeno de la nieve, dijo: “No están establecidas todas las cadenas de eventos, pero debemos estar abiertos a todas las posibilidades, porque la atmósfera es algo que todavía no terminamos de entender del todo” www.eloncedigital.com.ar.
Y así es. Dios es el único que conoce todas las cosas, Él hizo los cielos y la Tierra, y sabe bien en qué condiciones de salud se encuentran. Aquellos que no depositaron su confianza en Él varían entre estas tres posturas: Los fatalistas: “Todo irá de mal en peor. Nadie podrá pararlo, nuestros nietos o bisnietos vivirán en un mundo con condiciones completamente distintas a las actuales”. Los incrédulos: “Es mentira, no va a pasar nada. Es todo un engaño de las superpotencias para distraernos de los problemas realmente importantes”. Los confundidos: “Pero al final ¿a quién tenemos que creerle?”
¿Y nosotros? Los hijos de Dios sabemos que Él tiene control de todo. Y que nada sucederá sin su consentimiento. El Señor puede enviar vientos polares sobre inviernos cada vez más calurosos, lo mismo que sanidad sobre un cuerpo desahuciado. Jesucristo, contra todas las leyes de la naturaleza, pudo caminar sobre las aguas, convertir el agua en vino, devolver la vista a los ciegos y dar de comer a multitudes con muy pocos panes y pescados. La realidad en la que vivimos los hijos de Dios es diferente a la realidad de los hijos de este mundo. Una cosa es la realidad de la Tierra y otra, muchas veces totalmente distinta, es la del cielo. Dios está en control de todo. Nada sucede sin su consentimiento. No disfruta cuando suceden inundaciones, incendios, sequías, hambres u otras catástrofes. Pero las permite para que los hombres se den cuenta que solos no pueden. Los hombres necesitan la ayuda de Dios.
Muchas veces, en este periódico colocamos notas advirtiendo sobre los problemas del calentamiento global. Creemos en ellos, no somos escépticos. Solo que ahora, al buscar alguna explicación a tanto frío, encontramos explicaciones vagas, contradictorias, poco convincentes. Dios es el único que tiene todas las respuestas. Ellas están en su Palabra. Allí se anuncia bien claro que este mundo tendrá un fin. Pero el mismo será cuando Dios haya cumplido su propósito, cuando su Evangelio haya llegado a toda nación, cuando las señales se encuentren todas cumplidas. Será un fin de este orden actual, sí, como se pronostica, pero para el establecimiento de un nuevo orden mundial. Un nuevo cielo y una nueva Tierra. Preparados por Dios para aquellos que depositaron su fe en Jesucristo, su Hijo.
Alcemos, entonces, la mirada como dice Lucas 21:28: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”.
Bendiciones.
Laura Bermúdez
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