La Corriente

¿De qué lado de la foto?
Jul | 2008 (GMT-3)

Reflexionando sobre los tiempos que nos tocan vivir. Observemos la imagen, luego leamos la nota y finalmente respondamos ¿de qué lado nos gustaría estar?

orandoDesde el mes de marzo nuestro país se encuentra dividido por el conflicto campo-gobierno. Todos estamos bien al tanto de esto. En general las posturas son tres: 1) “yo del lado del campo”, 2) “yo del lado del gobierno” y 3) “yo... no entiendo nada”; o tal vez una cuarta, “yo un poco de este lado y un poco de aquel”.
Lo cierto es que por más que tomemos posturas firmes, los ciudadanos que estamos ajenos al problema, no manejamos toda la información. No sabemos lo que se habla por detrás, lo que se acuerda, lo que no se dice públicamente. ¿Qué postura deberíamos tomar?

Como creyentes en Cristo, como iglesia del Señor, deberíamos ser voceros de un mensaje conciliador. Es lo mínimo que se debe hacer cuando dos están peleando delante de nosotros. Somos responsables de lo que decimos y de cómo lo decimos porque nuestras palabras, si somos auténticos hijos de Dios, tienen autoridad.

No se trata aquí de si soy peronista, radical o del ARI. No es cuestión de River o Boca. Las cosas que buscan resolverse de manera emotiva generalmente no se resuelven bien. Somos llamados a ser mensajeros de paz, voceros de Dios, somos sus embajadores ante un mundo que no sabe comunicarse.
Hace varios meses una misionera que regresó de un período de servicio en Venezuela me contaba cómo la iglesia del Señor estaba dividida entre los pro-Chávez y los contra-Chávez. Ella me dijo que muchos hermanos van a los desfiles y usan las remeras y gorros color rojo. Y otros, por el contrario están totalmente en contra. Pensé entonces, cómo la iglesia va a estar dividida por partidismos políticos.

Lo cierto es que muchas veces carecemos de visión o directamente no vemos. Deberíamos ver, pero no. Las cosas suceden delante de nuestros ojos y como si fuéramos zombis o anestesiados andamos, vamos y venimos sin involucrarnos completamente con lo que pasa.
Cuando Jesús estuvo en Jerusalén lamentó justamente esto: la ciudad no reconoció el tiempo que estaba viviendo. “¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos” (Lucas 19:42).

Como creyentes, y especialmente los que somos líderes, tenemos la inmensa responsabilidad de ver más allá, de tener una visión abarcadora de los problemas. De ser intercesores poderosos y tener voz profética para el pueblo, una palabra que anuncie, lleve a la reflexión, guíe y enfoque en lo que Dios pide. No nos enfoquemos en un solo punto de vista.
La Palabra de Dios tiene respuestas para cada situación significativa que nos confronta. Es lámpara que ilumina nuestra senda, nos guía hacia la decisión más apropiada.

¿Cuál debería ser entonces nuestra actitud antes los problemas políticos, económicos y sociales que afectan a nuestro país? Lo que mínimamente debemos hacer es orar. Reunirmos específicamente para orar por el país. Este es un mandato de Dios para nuestra vida: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Lucas 6:18 y también 1 Timoteo 2:1-4).

Pero orar de corazón, con carga, con entrega. No para mostrarnos, ni porque queda bien o es bien visto. Dice el pasaje “si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla, ora, me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra” (2 Crónicas 7:14).
Oremos y enseñemos a orar a aquellos que son más jóvenes o nuevos.

Todo nace de esta foto
Cuando la foto que acompaña esta nota llegó a mis manos –junto con una reflexión sobre el aprendizaje por imitación o la simple copia de gestos– pensé en esto: ¿de qué lado de la foto quiero estar? Sería bueno que por lo menos esté en uno... Pero de estar, espero que pueda serlo del lado del niño que repite una conducta que le fue enseñada y no del lado del perro que solo copia y posa porque se lo pidieron.

Hay conductas, hábitos, modales y actitudes que pueden aprenderse o simplemente imitar. Aquel que aprendió vive naturalmente, no necesita fingir, porque incorporó en su vida el aprendizaje. El imitador, sin embargo, vive esforzándose por alcanzar aquello que no es, no pudo adquirir o no tiene capacidades para ser.

Este es un tiempo crucial para nuestro país: despertemos, si aún no lo hicimos, y actuemos a favor de la reconciliación y la paz, a favor de la intercesión poderosa, a favor de ver por encima del conflicto y los intereses personales, y levantarnos con voz profética. No vaya a suceder que las generaciones futuras, cuando estudien este tiempo, reflexionen y digan: Y la Iglesia del Señor... dónde estaba?

Bendiciones

Laura Bermúdez