“A quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas...” (Hechos 3:21). Una reflexión sobre la situación política de nuestro país.
 |
| Omar Daldi |
Para este encuentro mensual tengo dos preguntas y una demanda al llamado del Señor para sus hijos; pero antes quiero hacer un poco de historia.
Era diciembre del inolvidable año 2001, el país era un caos. El entonces presidente De la Rúa, en el interior de la Casa de Gobierno, firmaba la dimisión a su cargo; mientras, a unos metros de allí, en “la plaza” –testigo silenciosa de la historia de la República– se escuchaban disparos de armas, aparecían la muerte, las peleas, el odio y la destrucción; mientras las cacerolas eran golpeadas y un grito popular se entonaba: “¡Que se vayan todos!”
Han pasado ya varios años, la feroz crisis se fue, y de los “todos” que deberían haberse ido, la mayoría nunca lo hizo; siguen estando más encumbrados en el poder que nunca. Tampoco se ha ido la vieja manera de hacer política, marcada por los mismos vicios de injusticia, corrupción, clientelismo y soberbia con que los gobiernos nos tienen acostumbrados, y aunque pueda entrar alguna figura nueva, viene condicionada “de fábrica” por los acuerdos y las concesiones que tuvo que hacer para ocupar el puesto. Lo mismo de siempre, pero escondido bajo el maquillaje de una bonanza económica.
Dos preguntas
La primera pregunta que surge, mirando el presente, es: ¿De dónde una nación obtiene y prepara su clase dirigente y política? Para contestarla brevemente, decimos: los colegios y universidades son la gestación académica de quienes ocuparán los puestos de liderazgo; los que luego, acudiendo al llamado de la vocación, el dinero o el poder se enrolan en las filas de un partido político. Todos sabemos que muchas veces no importa la ideología del partido, si surge una oferta mejor de otro, aunque las ideas sean antagónicas, sin problemas cruzarán la acera ofreciendo alguna clase de excusa inverosímil. Así se han gestado el 95% de nuestros políticos.
Mi segunda pregunta es: ¿Podremos tener mejores dirigentes? Sí, estoy persuadido que hay todavía inteligencia, capacidad individual y reserva moral en los argentinos, y muchos de ellos están en las filas de la Iglesia de Cristo.
El llamado
La maravillosa idea de Dios es edificar su Iglesia. La misión, o el llamado que esta tiene es redimir lo que se ha perdido. Esta no es una nueva idea, en el Congreso Internacional para la Evangelización Mundial de Lausana, Suiza, en el año 1974, se expuso mundialmente este concepto, que llamaron misión integral. Este pensamiento, con raíces en Las Escrituras, exponía la verdad de que el hombre es más que un ser espiritual que necesita ser enviado al cielo; es un ser complejo que debe ser redimido en sus necesidades físicas y psicológicas. Tiene que ver con la totalidad de la vida humana.
Por muchos años en toda Latinoamérica –y me temo que en algunas partes todavía sea así–, los cristianos se internaron en sus templos, monasterios y comunidades, abdicando su responsabilidad de ser luz, dejando el liderazgo de las instituciones que rigen los destinos de la sociedad, en manos de intereses individualistas, corruptos y sin escrúpulos. El resultado es una sociedad con gran escasez de las necesidades básicas para la vida. El lugar que hemos dejado vacante otros lo han ocupado.
Es responsabilidad de la Iglesia, a quien Dios ha llamado, de preparar a los líderes del futuro, que trabajarán bajo la moralidad de La Palabra de Dios, con la mira en la justicia social, la misericordia, la humildad y el amor al prójimo.
Celebro que haya muchos pastores y ministros de la Iglesia que miran más allá de sus cuatro paredes. Como por ejemplo, una nueva iniciativa ha surgido poniendo en marcha la Escuela de Formación de Dirigentes Políticos, con respaldo de ACIERA, y en la Universidad del Salvador (vea www.dirigentespoliticos.com), con el fin de preparar a futuros líderes de la sociedad en el área política. Otros están involucrados en ONG’s mirando por la justicia social, los desprotegidos, excluidos, enfermos y pobres. En fin, respondiendo al llamado que Dios ha hecho en Génesis 1:28 de liderar el desarrollo y bienestar de la creación.
Hace unos días escuchamos nuevos cacerolazos en Buenos Aires y en otros lugares de la Argentina; es motivo de oración y ocupación. No sé cuantas veces más sonarán estos instrumentos de protesta, la mudanza no será de la noche a la mañana, sino un proceso de transformación y cambios hasta que se produzca la “la restauración de todas las cosas”. Vaya la “pequeña” tarea que el Dios Todopoderoso encomendó a su Iglesia, a usted y a mí –a nosotros–. Es hora no de que se vayan todos, sino de involucrarnos todos.
Dios lo bendiga.
Hasta la próxima.