La clave para acertar y prosperar en todo. ¿Qué debe hacerse para que la toma de buenas decisiones sea un hábito?
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| Patrick M. Morley |
Hacemos exactamente lo que decidimos hacer; somos la suma de nuestras determinaciones. La decisión es decisión aunque no la pongamos en práctica. ¡Si los juegos escolares de su hija empiezan a las 11:30 y a las 11:35 usted todavía está hablando por teléfono desde la oficina a la casa, ya ha tomado una decisión!
Todos quedamos marcados por las resoluciones que hacemos; somos la suma de ellas. Nuestras decisiones determinan quién y qué somos, mucho más que cualquier otro aspecto de nuestra vida.
Muchos hombres, que no son capaces o no están dispuestos a hacer decisiones sabias arruinan sus vidas y se llenan de dolor, conflicto, sufrimiento. Problemas de negocios, dificultades matrimoniales, problemas con los hijos, conflictos de prioridades, problemas espirituales, de estrés, de salud, de dinero: virtualmente todos nuestros problemas pueden rastrearse hasta una mala decisión.
Puesto que hacer una decisión correcta parece algo tan complejo y como las consecuencias de equivocarse pueden resultar tan devastadoras– saber cómo no errar puede ser tan decisivo como saber acertar. Es más: la mejor garantía de hacer una decisión correcta es saber cómo hacer para no tomar una decisión que es equivocada.
¿Cómo podemos mejorar nuestro “promedio” en la toma de decisiones?
Jesús nos da el modelo para evitar decisiones que son inapropiadas.
Jesús había ayunado cuarenta días y tenía hambre. Satanás se acercó con la intención de derrotarlo al nivel de su mente. Si lograba persuadir a Jesús a cambiar de actitud, ganaría la negociación más grande de la historia.
Si Jesús hubiera hecho una determinación equivocada, habría terminado siendo un pecador más como todos nosotros. Nadie creería en Dios. No sería el cordero inocente muerto como sacrificio por nuestros pecados, y hoy todavía seguiríamos esperando al Mesías.
Pero Jesús tomó las decisiones correctas y, en consecuencia, “no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).
La primera decisión que tuvo que hacer Jesús –transformar o no las piedras en pan–, consistió en rebelarse o no al plan de Dios para su vida (Mateo 4:1-3).
La reacción de Jesús nos ofrece el primer principio acerca de cómo hacer decisiones correctas. Respondió: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. Nuestro primer paso para tomar decisiones acertadas es vivir de acuerdo a La Palabra de Dios.
La segunda decisión, la de saltar desde el pináculo del templo, era la resolución de poner o no a prueba a Dios. Nosotros también tenemos que decidir si ponemos o no a Dios en una posición en la que sea obligado a intervenir para salvarnos de nuestras absurdas decisiones. No debemos probar a Dios poniéndonos en situaciones en las que se hace inevitable que venga a rescatarnos. Satanás tentó a Jesús para tomar una decisión en la que las posibilidades de éxito eran casi mínimas… a menos que Dios interviniera. El segundo principio para una acertada toma de decisiones, entonces, es no poner a Dios a prueba. ¡No llegue a situaciones que requieran un milagro para salir del atolladero!
La tercera decisión que hizo Jesús, la de adorar o no a Satanás, era la opción de renunciar a la paternidad de Dios y servir a otros dioses. Con cuánta frecuencia los hombres nos salimos del camino y nos vamos a servir a otros dioses: el dinero, el prestigio, el poder. A primera vista puede parecernos que esta fue una decisión fácil para Jesús, pero tal vez no lo haya sido.
Satanás es demasiado astuto como para llamar a la puerta vestido de rojo y con un tridente en la mano.
Pero Jesús tampoco nos falló esta vez. Llamó a Satanás por su nombre, y le dijo: “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”. El tercer principio que se aplica a una correcta toma de decisiones es adorar siempre a Dios y servir solo a Él en todas nuestras determinaciones.
Estos tres principios no nos garantizarán que siempre haremos la decisión correcta, pero nos dan las mayores probabilidades para no hacer una incorrecta. Son principios para una administración de emergencia, ideas que nos ayudan a mantenernos cerca del plan y del propósito de Dios para nuestras vidas.
Jesús se refirió en cada ocasión a La Palabra de Dios para responder a tres tentaciones de Satanás. Sabía que la fortaleza interior de un hombre no es suficiente, que necesitamos una fortaleza construida con la verdad para tener una estructura realmente firme. El hombre que vive según La Palabra de Dios tomará las decisiones acertadas y prosperará en todos sus caminos.
Tomado del libro: El hombre frente al espejo de Editorial Vida