La dimensión espiritual por la que sojuzgamos y transformamos la tercera dimensión física de nuestra realidad.
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| Ariel Kim |
Estos elementos son el área de contacto donde el hombre puede interactuar con la cuarta dimensión. Aun los inconversos hacen provecho de estos elementos de la cuarta dimensión, aunque sea en un nivel inferior o intermedio. Es interesante saber que los especialistas en pensamiento positivo también resaltan estos mismos elementos.
Note que estos cinco elementos pertenecen a la cuarta dimensión espiritual; por tanto, no son visibles, y no están sujetos a tiempo, espacio y materia. Estos elementos ejercen una gran influencia sobre la tercera dimensión física. Son los elementos claves por los que ponemos en práctica la teoría de la cuarta dimensión. Veamos el primero:
Mentalidad
La mentalidad tiene que ver con nuestra manera de pensar. La imaginación no es otra cosa que el conjunto de varios pensamientos. Las distintas ideologías que han producido grandes revoluciones tanto políticas como económicas y culturales a lo largo de la historia de la humanidad, también tienen sus raíces en la mentalidad del hombre. Una de las enseñanzas más populares de Yonggi Cho es: Lo que piensas es lo que obtendrás. La Biblia enfatiza la importancia del pensamiento: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es el” (Proverbios 23:7).
El problema está en que la mentalidad del hombre ha sido corrompida por causa del pecado, y tanto su intelecto como su mente racional están en enemistad con Dios. Isaías 55:7 dice: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (énfasis mío).
Debido a que la mentalidad pertenece a la cuarta dimensión, el diablo controla al hombre a través de este elemento. De hecho, con relación a la traición de Judas, Juan 13:2 dice: “Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto [un pensamiento] en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase” (el agregado es mío).
Es por esta misma razón que el apóstol Pablo enfatiza, diciendo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena volunta de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2, énfasis mío).
Entonces, ¿cómo podemos cambiar nuestra mentalidad? A través de La Palabra de Dios. La Biblia contiene el pensamiento de Dios. La autoimagen de Abraham cambió drásticamente cuando recibió la palabra de Dios, y oyó una voz que decía: “Te he puesto por padre de muchedumbre de gentes” (Génesis 17:5). Por tanto, nuestro deber reside en programar nuestra mentalidad a través de La Palabra de Dios.
Es sumamente interesante saber que la mentalidad no solo cambia a una persona, sino que la transformación puede ocurrir tanto a nivel de una organización hasta una nación entera. Veamos el caso de Corea del Sur. Debido a las consecuencias de La Segunda Guerra Mundial, conocida como la guerra coreana, la nación quedó prácticamente devastada. Sin embargo, durante la época de la dictadura militar de Park Jeong Hee (1963-1979) se produjo un cambio de mentalidad a nivel nacional. Este movimiento de desarrollo económico llamado movimiento Semaul (Nuevo pueblo) estaba fundado en un lema que decía Si lo hacemos, podemos. De hecho, el lema de la iglesia de Yoido era: Podemos hacerlo, si lo hacemos lo lograremos, hagámoslo.
Este lema me llevó a pensar sobre la relación entre el cristianismo y el desarrollo económico, debido a que esta mentalidad positiva estaba estrechamente ligada con el pasaje bíblico de Marcos 9:23 y Filipenses 4:13, hasta que tuve en mis manos uno de los más recientes e inspiradores libros del Doctor Cho, donde el autor explica sobre el encuentro con el ex presidente Park, y sugirió iniciar el movimiento Semaum (Nuevo corazón).
Ahí pude comprender que el fundamento del desarrollo económico de Corea del Sur residía en La Palabra de Dios. En una década, Corea del Sur pasó de ser una de las naciones más pobres del mundo a ser el decimocuarto país más próspero de todo el planeta. En 1962 el ingreso per cápita era apenas de $82, hoy, es casi de $20.000, y el cristianismo se ha infiltrado en todas las fibras de la sociedad.
Actualmente Corea del Sur cuenta con un 35% de la población cristiana, 25% de protestantes y 10% de católicos, cincuenta mil iglesias, doce millones de cristianos, y quince mil misioneros dispersados en todo el mundo. El cambio de mentalidad basado en La Palabra de Dios es realmente poderoso.
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