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| Jorge Himitian |
El vacío teológico o ideológico no existe. Todos tenemos un punto de partida, ciertos presupuestos básicos que creemos. Todos creemos algo. Aun el ateo tiene una creencia: cree que Dios no existe.
Los monoteístas creemos que hay un solo Dios verdadero, Creador y Señor del universo. Hay tres grandes religiones monoteístas: la judía, la cristiana y la musulmana.
El “Estado laico” no existe. No se puede vivir en sociedad a partir de la nada, a partir de un vacío total teológico y/o ideológico. Ese pretendido “Estado laico”, es una falacia, una irrealidad, pues siempre subyace una idea –una ideología– o una creencia –una teología–, a partir de donde se establecen los criterios o parámetros válidos para la convivencia social.
Les guste a algunos o no, la Argentina pertenece a esta parte del mundo en la que la inmensa mayoría es cristiana, formada por católicos, evangélicos y ortodoxos.
Según una encuesta financiada por el FONCYT (Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica), el 85,5% de la población argentina es cristiana (católicos 76,5%; evangélicos 9%). El 3,2% de otras religiones y el 11,3%, indiferentes, agnósticos, ateos y demás.
Silvina Premat, de la redacción del diario La Nación, escribe: “En sintonía con los resultados que muestra la encuesta en los países de América Latina, el 80% de los argentinos se define como religioso y solo un 2% señala que es ateo convencido. En nuestro país se advierte, además, una tendencia creciente de la religiosidad, al comparar los resultados con otros sondeos realizados en los últimos veinte años. En 1984, el 62% se proclamaba religioso, proporción que ahora creció al 80%. En ese período, los ‘ateos convencidos’ bajaron del 5% al 2%. Los musulmanes son entre el 1% y el 1,5% de la población. Y los judíos entre 0,7% y el 1%”.
Nuestra Constitución Nacional expresa claramente en su preámbulo: “Invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia”.
Dios ha sido y es el punto de partida de nuestra Nación. Los cristianos somos una inmensa mayoría. Creemos en Dios. Creemos en su Hijo Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.
Si bien reconocemos y aprobamos la separación saludable entre la Iglesia y el Estado, la gran mayoría de los argentinos –casi el 90%– creemos en Dios y no aceptamos que un grupo extremadamente minoritario, e hiperactivista pretenda imponernos su “religión” laica, agnóstica o atea, como punto de partida para legislar sobre la vida, la familia, el matrimonio, la adopción, la educación de los hijos y otros temas similares.
Como creyentes afirmamos que Dios es la fuente de la verdad y la autoridad suprema a quien le debemos obediencia y respeto. Nuestro fundamento invariable es La Palabra de Dios, registrada en Las Sagradas Escrituras, La Biblia.
Creemos y afirmamos que Dios es el Creador de todas las cosas. Él es el Creador del hombre, y Él creó a cada ser humano: varón o mujer. Esto lo confirma la genética, la biología, la fisiología y la anatomía de cada varón y mujer. No existe un gen para la homosexualidad. O se es varón o se es mujer.
Creemos y afirmamos que el matrimonio es una institución divina, pues fue Dios quien lo instituyó. La Biblia declara: “Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24).
La institución del matrimonio es anterior a cualquier otra institución humana. Antes que existiera sociedad, estado o nación. El matrimonio es la unión estable y comprometida entre un hombre y una mujer.
Dios prohíbe terminantemente la unión sexual entre dos varones, o entre dos mujeres, y llama a esas uniones abominación (Levítico 18:22). En La Biblia hay muchos párrafos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento que confirman la reprobación total y enérgica de Dios a toda práctica homosexual.
Con todo, Dios instruye, prohíbe, pero no obliga. Si alguien no quiere vivir según la voluntad de Dios, puede hacer con su vida lo que quiera. Aunque es importante tener en cuenta que un día todos deberemos comparecer ante el justo juicio de Dios.
Nosotros, al igual que Dios, respetamos las libertades individuales. Si alguien no cree en Dios, o cree a su manera y quiere practicar la homosexualidad, vivir en pareja homosexual o lesbiana, tiene toda la libertad de hacerlo. Pero pretender que mediante las leyes de la Nación llamemos a eso matrimonio, es un falta de respeto total, no solo a Dios, sino al 90% de los argentinos que creemos en Dios y en la institución del matrimonio como Dios lo estableció.
Si los legisladores mediante algunas leyes quieren darle a esas parejas los beneficios económicos de un matrimonio, allá ellos. Pero por favor llámenlo “homomonio”, “gaymonio”, “lesbimonio” o inventen alguna palabra que describa esa relación homosexual, pero no cometan la torpeza grave de llamarlo matrimonio, unión civil ni nada que se le parezca.
A los señores diputados que votaron a favor del matrimonio gay: ustedes no se imaginan la tragedia social a la que están induciendo a la presente y a las futuras generaciones con la ley votada recientemente. Serán los responsables ante Dios y la posteridad de haber sido el punto de inflexión hacia la desintegración del fundamento ancestral del tejido social que es la familia.
La agenda de los homosexuales no termina aquí. Este es solo el primer paso. Sigue con la poligamia, el incesto, la zoofilia, la pedofilia y otras perversiones por el estilo.
Si ustedes son cristianos, por lo votado, han demostrado ignorar lo que dice La Palabra de Dios. No los culpamos a ustedes sino a nosotros mismos, los pastores y sacerdotes por no haberles enseñado la doctrina cristiana debidamente. Y si, sabiendo la verdad, por razones políticas o intereses sectoriales votaron a favor del matrimonio gay, ustedes han cometido un gravísimo error. Pero pueden arrepentirse, confesar sus pecados y volverse a Dios. Él tendrá misericordia de ustedes, los perdonará y les enseñará a legislar para el bien de toda la sociedad.
A los señores senadores que votarán en los próximos días: Dios los ilumine. Ustedes pueden salvar a nuestro querido país de esta desgracia. En estos tiempos difíciles, les toca a ustedes mediante las leyes ser constructores de una sociedad sana, con valores morales y dignidad. Si son cristianos, fundamenten su voto en los principios sanos y eternos de Las Sagradas Escrituras. Oramos por ustedes para que Dios les dé sabiduría, valor, y los libre del mal.
Para concluir, una palabra a los homosexuales: si eres homosexual, lesbiana, travesti o transexual, queremos darte una palabra de parte de Dios. El Señor te conoce muy bien, Él es tu Creador y te ama con todo su ser. Él conoce tus luchas, tus tristezas, tu historia, tus sufrimientos. Dios no te condena, quiere ayudarte. Él tiene un plan maravilloso para tu vida. Conocemos a muchas personas que al entregarse a Cristo y recibirlo como Señor de su vida, fueron perdonadas y sanadas en sus mentes, emociones y sentimientos, y comenzaron a vivir una nueva vida de acuerdo con el sexo que el Creador les dio. La Biblia dice: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
Clama a Dios. Él te responderá y te salvará. Cristo te hará una nueva persona. Estamos a tu disposición para ayudarte.